Señor Director:
Impresiona la carta con ese título de Francesca Bozzolo, publicada ayer, en que describe la tortura de una pequeña empresaria que gestiona una cafetería, frente a los embates regulatorios de una legislación insensible y muchas veces ignorante de la realidad.
Me atrevo a afirmar que muchas autoridades y legisladores no conocen cómo es y lo que cuesta emprender. Nunca han pagado IVA ni las remuneraciones e imposiciones de nadie. Pero son muy creativos al pensar que a las empresas se les puede esquilmar hasta el infinito para quedar bien con sus votantes y luego ser reelectos.
Ser antiempresa rinde frutos políticos en la reelección, lamentablemente. El resultado lo describe Francesca en su carta: su cafetería ahogada por normas como las 40 horas, un salario mínimo alto, seguros laborales varios, feriados irrenunciables y un amplio etcétera, que incluye altas contribuciones de bienes raíces, patentes municipales caras y muchos otros requerimientos que no alcanzan a cubrirse con los ingresos de las pymes.
Sugiero que la ley les dé más atribuciones a las empresas junto a sus trabajadores. Así como las empresas familiares pueden abrir y vender en los feriados irrenunciables, las empresas pequeñas, como la cafetería de Francesca, deberían tener más autonomía en temas regulatorios en que exista acuerdo entre el empleador y sus empleados. Un marco regulatorio menos detallista y más preocupado de que las pymes crezcan y contraten más trabajadores es lo que Chile necesita.
Julio Dittborn C.