Señor Director:
No puedo describir la angustia que siento como propietaria de una cafetería que se inició justo antes del estallido. Durante estos años hemos enfrentado todos los embates con dificultad, convencidos en que es posible generar ingresos y recuperar la inversión. Lamentablemente, todo lo que han hecho los últimos gobiernos es encargarse de que las pymes paguen el pato.
Empresas pequeñas, que consumieron su respaldo económico, no tienen cómo seguir enfrentando todos los cambios que se han implementado, que se traducen en mayor costo, menos margen, más deudas.
El alza del sueldo mínimo conlleva mayores pagos en seguro de cesantía y todas las obligaciones de parte del empleador —y ninguna del Estado—, y no contentos con eso, ahora tenemos que enfrentar otro aumento del Seguro de Invalidez y Sobrevivencia.
La reducción del horario laboral es otra alza de sueldo disfrazada. ¿Qué hace un negocio que depende de las horas en que está abierto para vender? Tiene que pagar más horas extras, tener dos turnos, aumentar sus costos para solo mantener la venta.
Para que una reducción de impuestos a las pymes tenga un efecto es necesario que primero pueda generar ganancias. Es simple: para mí no hay beneficio. Entonces, ¿qué hacemos? Subimos los precios, aumenta el IPC, la UF, el arriendo, ahora sube el combustible, y el Estado... ¿en qué nos apoya?
Con todos los impuestos y obligaciones que pago, alguien se está hinchando de plata con mi esfuerzo, y no soy yo. Me siento desvalida, invisible y con todo el sistema en contra de quienes intentamos hacer las cosas bien.
Francesca Bozzolo