Señor Director:
He sostenido que el liderazgo político de José Antonio Kast, construido a lo largo de los últimos años en torno a una red de contactos y afinidades con la ultraderecha, en los Estados Unidos, Europa y América Latina, y el liderazgo interno del Partido Republicano, construido sobre la base de una separación, crítica y distanciamiento con la “derechita cobarde” (Chile Vamos), y la negativa a cualquier acuerdo, como una cuestión identitaria, los ubica a ambos en la ultraderecha. Cabe recordar que los principales dirigentes del PR renunciaron a la UDI porque consideraron que esta se había alejado de los principios fundacionales de Jaime Guzmán.
He decidido entrar en este debate porque llevo 10 años, desde la elección de Donald Trump en 2016, advirtiendo sobre los peligros de esta ola ultraderechista en el mundo. Sostengo que Donald J. Trump es la principal amenaza no solo para la democracia constitucional en los Estados Unidos, y la democracia liberal en el mundo occidental, sino para las principales conquistas civilizatorias en el mundo. Las palabras valientes y la crítica abierta del Papa León XIV pronunciadas en estos días me ahorran comentarios.
Desde que en 2017 José Antonio Kast declaró que habría votado por Trump (entrevista en CNN, 9 de noviembre de 2017) hasta la reciente reunión en el “Doral Trump Resort” en Florida, que reunió a los países amigos de Donald Trump, y a través de innumerables seminarios, conferencias, reuniones a lo largo de estos años con los principales líderes de la ultraderecha en el mundo, José Antonio Kast ha reconocido banderas en ese club político.
El Partido Republicano, por su parte, en forma consistente, coherente y sistemática se ha opuesto a todos los acuerdos que se le han planteado desde su formación como colectividad política, en 2019, como una cuestión identitaria, casi de principios.
Ignacio Walker