Señor Director:
Antes de que José Antonio Kast ganara las elecciones, Óscar Landerretche se preguntaba si la izquierda dejaría gobernar a la derecha en caso de que esta ganara. A un mes del cambio de mando, ya notamos que la respuesta es negativa. Para una parte relevante de la izquierda, fuertemente inspirada en Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, la política debe leerse según coordenadas de antagonismo, y no de consenso ni llamados a acuerdos de racionalidad universal. En ese contexto, prácticamente cualquier medida que tome quien es considerado intrínsecamente enemigo será vista como un avance táctico que merece una respuesta agresiva, porque de lo que se trata es de hacerse con el poder y no de negociar ni dialogar.
De ahí que ante eventos de flagrante violencia como el sufrido por la ministra Lincolao, la izquierda condene a regañadientes (piénsese que para Lautaro Carmona el ataque fue más bien un “error político” que otra cosa), y rápidamente agregue que el Gobierno está incitando tales reacciones —ampliando la noción de violencia hasta responsabilizar al adversario de cualquier conflicto social.
En buena medida, está en discusión el modo que tendremos de comprender la política como sociedad. Es de esperar que la derecha chilena no responda al antagonismo con antagonismo.
Gabriela Caviedes
Investigadora Centro Signos Uandes