Señor Director:
Le pregunto a Chat GPT por los principales líderes de la ultraderecha y me responde con la siguiente lista para América y Europa: Donald Trump, Jair Bolsonaro, Javier Milei, José Antonio Kast, Nayib Bukele, Viktor Orbán, Marine le Pen, Giorgia Meloni, Alice Weidel, Geert Wilders y Santiago Abascal; es decir, prácticamente la misma lista de mi carta de hace algunos días.
Ahora bien, algunos podrán pensar que Kast es distinto a los demás; que no se le puede encasillar en la ultraderecha; que sus coincidencias con los demás líderes de la lista de Chat GPT son meramente circunstanciales; que el apoyo a la acción militar de Trump y los Estados Unidos sobre Venezuela, el 3 de enero, y de los Estados Unidos e Israel sobre Irán, el 28 de febrero, no demuestran un alineamiento con la política exterior de Estados Unidos e Israel; que la reciente visita (la tercera en los últimos años) a la Hungría de Viktor Orbán y su “iliberal democracy” está circunscrita al tema de las migraciones; que su participación como presidente electo en la reciente reunión de líderes conservadores en Bruselas es solo sobre temas valóricos; que su presencia en la reunión en el “Doral Trump Resort”, en febrero, con los países y líderes amigos del Presidente de los Estados Unidos es un gesto de buena voluntad como presidente electo, pero que no hay nada más; en fin, que, a diferencia de los demás líderes ya mencionados, Kast y los republicanos son conservadores, pero no de ultraderecha.
Yo digo que Kast y los republicanos tienen que demostrar que no son como los demás y que tienen cuatro años para hacerlo.
Sostengo que Donald J. Trump es la principal amenaza para la democracia constitucional en los Estados Unidos, en momentos en que se cumplen 250 años de la Declaración de la Independencia, redactada por Thomas Jefferson (1776), y que es una seria amenaza contra la democracia liberal en Occidente y contra los temas de paz y seguridad en el mundo; en fin, lo que pido es que la política exterior chilena, en la era Kast, esté al servicio del interés nacional y no del “America First”, en la era Trump.
¿Será mucho pedir?
Ignacio Walker