Señor Director:
El jueves 2 de abril, junto a los 35 estudiantes de mi curso, comenzamos la sesión con un minuto de silencio por María Victoria Reyes, inspectora asesinada en Calama por un escolar.
El pasado jueves 9, por la mención espontánea de un alumno, destinamos los minutos iniciales de la clase a conversar sobre la brutal agresión que sufrió la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, en una actividad universitaria.
Con mis estudiantes hablamos de la intolerancia, la cancelación, los riesgos del fanatismo y la importancia del desarrollo del pensamiento crítico. Muchos levantaban la mano para compartir su punto de vista.
La conversación derivó a concluir que es fundamental que en esta etapa universitaria ellos se formen y aprendan lo más posible, para que el día que les toque estar frente a una autoridad —o cualquier persona— cuyos planteamientos no compartan, puedan rebatirle con argumentos, evidencias y propuestas creativas. Jamás con desprecio, gritos y golpes.
Me quedan 10 sesiones con el mismo grupo de estudiantes. Me encantaría destinar esos minutos iniciales, en los que todos están atentos, activos y todavía no hemos entrado en los contenidos y competencias de la asignatura, a abordar temas más gratificantes. A comentar un gesto ejemplar, a recomendar una película que vale la pena ver, a celebrar juntos el triunfo de algún compatriota. No pierdo la esperanza de que así sea.
María Cristina Silva M.
Académica Facultad de Comunicaciones
Universidad del Desarrollo