Señor Director:
Interesante ha sido el intercambio entre los doctores Dörr y Salas sobre los factores que favorecen la violencia. Las líneas que han surgido entre otros corresponsales, tales como Jorge Peña y Niels Rivas, solo enriquecen el debate nacional. Pero he echado de menos un punto de vista en que se aprecie el efecto de las políticas públicas nacionales en este tema.
Para hacerlo, puedo contar una historia o proporcionar datos y análisis de datos, pero según los expertos, se consigue más atención y mejor recordación con una historia personal que con las estadísticas sociales, así que aquí va una: conozco bien a dos jóvenes de unos 35 años de edad, de origen campesino, que viven en la zona de Calbuco, que han formado lo que a todas luces es una familia ideal.
Él, papá, pescador artesanal; ella, la mamá, cocina para una empresa salmonera; dos niños, un joven vigoroso aspirante a futbolista, de once años, y ella, de seis, es transportada a diario por su madre por esos campos de ensueño para el tratamiento con una fonoaudióloga local que le va corrigiendo imperfecciones de pronunciación.
Cuál no sería mi sorpresa cuando me entero de que no están casados. Pero ¿por qué? Les preguntó. Me contesta ella: “No nos conviene porque perdemos puntos en el sistema de ayudas municipales. Lo que más me conviene a mí es ser madre soltera y a mis hijos, ser hijos de madre soltera”. Esos niños felices, que crecen al amparo de sus padres, engruesan las estadísticas de los nacidos fuera del matrimonio, pero ¿alguien podría confiar en esas estadísticas, infladas por políticas públicas que no reconocen la importancia de una familia bien constituida?
La ley del país, que debiera ir estimulando unos modelos sobre otros, aquí configura políticas que no orientan a nadie. Parece que solo se piensa en el resultado asistencial, sin ponderar todos sus efectos.
Los estímulos, los incentivos parecen no tomarse en cuenta y eso nos ha llevado a estadísticas falseadas que presentan un país que vive al margen de la ley, con 78% de sus niños nacidos fuera del matrimonio, lo que es verdad. Pero ¡oh complejidad!, tal vez no es verdad.
Juan Pablo Illanes