Señor Director:
Me sorprende leer en su diario que, para gente de gobierno, la escalada de violencia en el ámbito educacional “son hechos separados”, sin relación entre sí. Quienes sabemos lo que son las funas —al menos en el ámbito universitario— lo vemos muy de otra manera.
Existe una razón oportunista, que los une y es la impunidad por tolerancia, inducción o cobardía de autoridades académicas ocasionales.
Pero más allá de esa impunidad fáctica, hay una razón ideológica que viene desde lejos: la coartada de la violencia política con base en la autonomía universitaria en democracia. Es decir, la paradójica identificación de la libertad para enseñar, investigar y compartir la sabiduría, con la libertad para ejercer la violencia contra quienes “no piensan como uno”.
Esto lo explicó muy bien la ministra Ximena Lincolao, entrevistada por televisión, a pocas horas de ser agredida en la Universidad Austral. A su juicio, la mayor o menor seguridad para ella no dependía de más o menos guardias de seguridad al interior de los recintos universitarios. Tácitamente, dependía de una acción política medularmente rectificatoria.
De paso, qué gran lección de coraje, inteligencia y amor por Chile nos dio en esa entrevista.
José Rodríguez Elizondo