Señor Director:
Entiendo por ultraderecha, en Chile, todo aquello que está a la derecha de la UDI. Entiendo por ultraizquierda todo aquello que está a la izquierda del PC. Se trata de un posicionamiento simple.
Cuidado con asimilar al PC con la ultraizquierda. Lenin cuestionó a la ultraizquierda —“infantilismo revolucionario” la llamó— como una enfermedad de la izquierda. Pues bien, no hay nada parecido en la derecha chilena que logre dibujar una línea divisoria o parteaguas con la ultraderecha.
La razón es muy simple. La derecha de José Antonio Kast y el Partido Republicano dibujó ella misma una línea divisoria con la derecha convencional. Sus dirigentes se distanciaron de la UDI y de la “derechita cobarde” (Chile Vamos), porque sintieron que aquella había traicionado los principios de Jaime Guzmán y que esta había olvidado los principios de lo que se entiende por derecha.
Lo habrían hecho al entrar en la órbita de negociación y compromiso, sobre la base de concesiones recíprocas, al margen de los principios fundacionales. El Partido Republicano tiene un récord innegable: se ha opuesto a todos los acuerdos que se han planteado en el Chile de los últimos años. El delirio máximo de este purismo doctrinario fue la negativa a hacer suyo el informe unánime (desde el PC hasta republicanos) de la Comisión Experta en la segunda Convención Constitucional.
La segunda razón es que ha sido el propio José Antonio Kast el que ha cerrado filas con Donald Trump, Nayib Bukele, Javier Milei, Jair y Flavio Bolsonaro, Víctor Orbán, Georgia Meloni, Gert Wilders, Alice Weidel, Santiago Abascal, entre otros representantes de la ultraderecha —sí, de la ultraderecha— en el mundo. “Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el dicho.
Entiendo la desazón de Josefina Araos y Pablo Valderrama (IES) frente al intento de algunos por asimilar el gobierno de José Antonio Kast a la ultraderecha; me temo, sin embargo, que la carga de la prueba está de su lado al momento de refutar esa tesis en consideración a la solidez de la evidencia disponible.
Ignacio Walker