Señor Director:
Crecí con mi abuela en un hogar donde el frío se colaba por las tablas y los libros eran un lujo. Fui un alumno promedio que vio en el CAE la única vía para estudiar y retribuir ese esfuerzo inicial.
Hoy soy un “moroso” más. Mi deuda saltó de 12 a 22 millones de pesos y ya fui notificado por demanda de la Tesorería. Si bien la educación transformó mi vida, mi realidad actual es otra: cuidar a mi abuela de 92 años. Es doloroso intentar darle una vejez digna con un sueldo que no permite acceso a la vivienda propia, mientras el ministro Quiroz sugiere, con una indolencia sobrecogedora: “Consíganse un crédito en el banco y vengan a pagar”.
¿En qué caí? ¿En la trampa de querer progresar o en un sistema que nos trata como delincuentes por no poder pagar lo impagable?
Rubén Menares M.