Señor Director:
La Dra. Salas insiste en atribuirme una simplificación indebida al vincular violencia y nacimientos fuera del matrimonio. Yo no he sostenido una causalidad única, sino señalado solo una correlación relevante en un fenómeno necesariamente multicausal. En Chile, esta condición alcanza cifras significativas (78%) y merece ser considerada como un factor más en el análisis.
La agresividad humana no puede entenderse sin considerar sus mecanismos de regulación. A diferencia del resto de los mamíferos, que poseen “los más diversos mecanismos fisiológicos que regulan la conducta y cuya función es evitar el hacer daño o matar a los miembros de la misma especie” (K. Lorenz, 1963, p. 81), los humanos perdemos la regulación de la agresividad y así es como ya se encuentran huellas de crímenes de hace 500.000 años (restos de fuego junto a dobles hachas de piedras y esqueletos dañados por estas). El crimen es parte de la condición humana y aparece, según el relato bíblico de la Creación, ya en la segunda generación: Caín mata a su hermano Abel.
Los humanos necesitamos, entonces, desarrollar normas culturales para contener la violencia dentro de la especie. Estas normas —desde la prohibición del incesto hasta la estructuración de la familia— han sido fundamentales para la cohesión social y el desarrollo. En este contexto, el matrimonio y la familia han cumplido históricamente una función insustituible como instancias de socialización y transmisión de normas.
El matrimonio monogámico es muy antiguo. Así, ya hay huellas de él en el homo erectus, y en el homo sapiens convivieron uniones monogámicas y poligámicas. Hace 10.000 años, con el descubrimiento de la agricultura, se impone el matrimonio monogámico, el que hace 2.000 años será consagrado definitivamente por el Cristianismo. Otras configuraciones familiares pueden cumplir también este rol socializador, pero no es irrelevante discutir qué estructuras lo facilitan mejor.
Las sociedades con mayor densidad normativa tienden a mostrar mejores indicadores de bienestar, menor criminalidad y mayor estabilidad. Por ello, más que desestimar ciertos factores por razones ideológicas, parece necesario analizarlos con rigor y sin prejuicios.
Dr. Otto Dörr