Conforme a la tradición de priorizar las visitas presidenciales y las relaciones con la República Argentina, el Presidente José Antonio Kast viajó a Buenos Aires como invitado oficial del Presidente Javier Milei. La buena disposición y afinidad entre ambos mandatarios abre una nueva y promisoria etapa en los lazos bilaterales, maltrechos por el ideologismo del Presidente Boric y sus desaires a Milei, así como por la inefable filtración de un audio demostrativo de falta de profesionalismo en la gestión de los vínculos trasandinos por la Cancillería, a comienzos de aquel mandato.
Presente en la entrevista presidencial estuvo la extradición de Galvarino Apablaza, prófugo, pendiente de detención para juzgar su responsabilidad en el asesinato del senador Jaime Guzmán Errázuriz. El gobierno del Presidente Milei dispuso recompensar a quien facilite su ubicación, ordenando las medidas policiales correspondientes. La situación, como lo mencionara el embajador saliente, José Antonio Viera-Gallo, ha dejado de ser un problema diplomático y político: es policial.
La gestión de Milei representa un cambio profundo y un reposicionamiento global de Argentina. Su programa se ubica en las antípodas del populismo kirchnerista, distante del gradualismo macrista y más cercano al reformismo del Presidente Menem, período cuando, como nunca antes en la época moderna, se potenciaron las agendas entre Chile y Argentina, consolidando el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
El plan de Milei apunta a la estabilidad económica, apertura comercial, liberalización cambiaria, promoción de la inversión, el comercio y la producción. Este cometido debería favorecer un fluido, creciente y más equilibrado intercambio económico entre ambos países. Hasta ahora, las exportaciones nacionales son muy limitadas, con un sustantivo superávit comercial en favor del país vecino. Desequilibrio también, pero a la inversa, existe en las inversiones nacionales a ese mercado, que superan ampliamente las argentinas en nuestro territorio.
Interesante y nueva colaboración puede surgir del desarrollo minero impulsado por el Presidente Milei y de la experiencia nacional en este rubro. Destacan en la frontera relevantes yacimientos trasandinos, siendo Vicuña, Azules, Peregrine y, al costado de Pelambres, Pachón, los más próximos a recibir inversiones estimadas en cerca de veinte mil millones de dólares, sobre siete mil millones en los próximos 12 meses. Sus faenas suponen construcción de infraestructura, aprovechamiento de puertos y aportes nacionales en logística, servicios, empleos e insumos. El Tratado de Complementación Minera entre Chile y Argentina, de 1997, suscrito por los presidentes Menem y Frei Ruiz-Tagle, debería facilitar esos emprendimientos.
Formidable obstáculo al intercambio es la burocracia policial, aduanera y fitosanitaria en la frontera terrestre. Sucesivos gobiernos han prometido, y no han cumplido, disponer procedimientos que superen tramitaciones anacrónicas que obligan a largas esperas, en perjuicio del turismo y el tránsito de personas y bienes. Una y otra vez se han impuesto descoordinadas burocracias sectoriales a la modernización de procesos analógicos y agilizaciones que permitan a los pasajeros permanecer en sus vehículos durante las fiscalizaciones, como sucede en los países desarrollados.
La normalización de las relaciones bilaterales es un logro importante de los gobiernos de Kast y Milei, en beneficio de las legítimas aspiraciones de bienestar y fraternidad entre sus pueblos. Corresponde ahora a sus cancillerías, ministerios y servicios públicos materializar la hoja de ruta fijada por los presidentes y su agenda correspondiente a las renovadas e históricas, valóricas y cercanas relaciones bilaterales.