Señor Director:
Hay muchas formas de retroceder a la edad de piedra. La carta de Jorge Peña publicada ayer nos da un buen ejemplo de ello, al enarbolar las banderas de un mundo en que las personas no podrían elegir divorciarse ni recurrir a métodos anticonceptivos, donde alguien que no está casado no debería tener relaciones sexuales (so pena de incurrir en la profanación del amor matrimonial, ¿el más elevado?) y donde impera una visión monolítica de lo que significa construir una familia.
Si lo que se quiere abordar es el grave problema de la violencia social, semejante puritanismo no es —nunca ha sido— la estrategia más adecuada para lograrlo.
Niels Rivas Nielsen
Decano Facultad de Artes Liberales UAI