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Editorial
Lunes 06 de abril de 2026
PDG: vuelven los fantasmas
No ser “ni facho ni comunacho” parece no ser suficiente para sostener un proyecto político.
Decepcionante ha sido el desempeño del Partido de la Gente (PDG) en lo que va de la nueva legislatura. La bancada acaba de expulsar a uno de sus 14 integrantes, el diputado Cristián Contreras —conocido como “Dr. File”, por sus participaciones en televisión—, luego de que este ingresara a trámite una batería de proyectos controvertidos, incluido uno para plebiscitar el restablecimiento de la pena de muerte y otro para consagrar “la autodeterminación en materia de inmunización”. La medida ha reinstalado la pregunta que persigue al PDG desde la elección de noviembre: ¿logrará, en esta segunda etapa de su vida política, consolidarse o repetirá la bochornosa historia de su primer período?
Hay que recordar que en 2021, cuando debutó como vehículo político de Franco Parisi, la colectividad logró elegir seis diputados y con esa fuerza prometía jugar un papel decisivo en el fragmentado panorama del Congreso, actuando como fiel de la balanza entre oficialismo y oposición. Cortejada por izquierdas y derechas, y con buena imagen en las encuestas, logró cierta influencia en algunas negociaciones, particularmente en las votaciones para elegir mesa en la Cámara. Sin embargo, las disputas internas terminaron dinamitando aquella bancada, la que, entre expulsiones y renuncias, perdió a todos sus miembros originales.
El año pasado, empero, cuando muchos creían que el ciclo del PDG había concluido, Parisi se alió con la diputada Pamela Jiles, pieza clave para su relanzamiento. Luego, impulsado por el buen desempeño electoral del economista en los comicios de noviembre, el partido sorprendió al transformarse en el segundo más votado del país y elegir 14 diputados. Con ese resultado, lanzó una audaz apuesta para instalar a Jiles en la presidencia de la Cámara. Pese a las reticencias que despierta en distintos sectores la diputada —artífice de los retiros previsionales y quien en el verano amenazó con hacerle la vida imposible al Presidente Kast—, la bancada logró sellar un acuerdo con la actual oposición que en teoría debiera haber asegurado su triunfo. Pero dos descuelgues en la centroizquierda y el de Contreras en las propias filas del PDG significaron no solo la derrota de Jiles, sino de toda una estrategia que apuntaba a perfilar al partido como un actor decisivo. De hecho, y luego de ese fracaso, su participación en la discusión legislativa más importante de marzo —la ley para compensar el alza de los combustibles— fue menos que discreta y en cambio el protagonismo en las negociaciones con el Gobierno lo tuvieron las bancadas de la DC y el PPD, demostrando que no todas las vías para construir mayorías pasan por el Partido de la Gente. Y ahora, el conflicto que culmina con la expulsión de Contreras resucita los fantasmas de la anterior legislatura y las dudas sobre una colectividad cruzada por diferencias entre sus miembros y con débil densidad política.
Cuando recién parte el período parlamentario, es prematuro anticipar qué pasará con el PDG. Con todo, pareciera que no ser “ni facho ni comunacho” puede haber funcionado como un buen eslogan de campaña, pero no es suficiente para sustituir la falta de un proyecto político claro, que dé coherencia a la acción de un partido.