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Cartas
Lunes 06 de abril de 2026
Vínculo matrimonial y violencia juvenil
Señor Director:
Sofía Salas ha criticado recientemente una columna del psiquiatra Otto Dörr por asociar “la proporción de nacimientos fuera del matrimonio con mayores niveles de violencia”. Para ella, “la violencia social es un fenómeno multicausal, por lo que reducirla a la estructura matrimonial de los hogares simplifica en exceso la realidad y corre el riesgo de sustituir el análisis riguroso por asociaciones sugerentes, pero insuficientemente fundadas”.
No creo que sean meras asociaciones no fundadas o meras conjeturas, sino evidencias procedentes de un verdadero conocimiento de la realidad, basado en la experiencia, y que no requiere de estadísticas, presuntamente científicas, sino de un elemental ejercicio de comprensión. Sí, es un fenómeno multicausal, pero hay jerarquía en las causas, y las apuntadas por Dörr son las principales. Ha tenido la valentía de apuntar a causas que son evidentes, pero sobre las cuales hay toda una conjura del silencio.
Todavía recuerdo las frecuentes columnas de Gonzalo Vial, que sí estaba en contacto con la pobreza, instando tanto a sacerdotes como a las autoridades para que oficiaran matrimonios para que regularizaran la caótica situación en las poblaciones.
La erosión progresiva de la familia, fundado en el matrimonio, ha dejado tras de sí un gran vacío que la asistencia pública nunca podrá llenar. La anomia de la familia, es decir, su desregulación con las leyes del divorcio, y aún más con el reconocimiento de las “familias de hecho” —incluso entre homosexuales— está en el origen de buena parte de los casos de marginación y “nueva pobreza”. Los miembros más débiles —minusválidos, ancianos, depresivos, inadaptados— quedan abandonados a la intemperie pública, multiplicándose así las conductas erráticas y las situaciones límite: delincuencia juvenil, prostitución temprana, fracaso escolar, drogadicción, violencia. Como fuerza opuesta a este deterioro ético y cívico, la familia es la forma radical de solidaridad y de este suplemento de sentido que la sociedad necesita.
La experiencia que tenemos en la actualidad nos dice que, en una cultura en la que se difunde el recurso a la anticoncepción y a las relaciones prematrimoniales, los fracasos de las parejas son cada vez más numerosos, así como también son más numerosos los fenómenos de la violencia y de la infidelidad. El N° 47 de Gaudium et Spes ya lo había advertido: “El bienestar de la persona y la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. Sin embargo, la dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está obscurecido por la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones; es más, el amor matrimonial queda frecuentemente profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación”.
No son meras cuestiones valóricas, sino una ecología moral de repercusiones públicas. De todo esto no se habla y se practica un pudoroso silencio que un psiquiatra ha tenido valentía de denunciar.
Jorge Peña Vial