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Cartas
Domingo 05 de abril de 2026
Violencia juvenil y vínculo matrimonial
Señor Director:
La Dra. Sofía Salas ha hecho una dura crítica a mi columna del viernes 3, afirmando que yo hago “una inferencia que no se sigue de los datos presentados” y que “la mera coexistencia de dos fenómenos no autoriza a concluir que uno cause el otro”. Más adelante insiste en que yo intento “presentar como evidencia causal lo que, a lo sumo, podría constituir una correlación ecológica”. Por último, ella me atribuye “simplificar en exceso la realidad… y sustituir el análisis riguroso por asociaciones sugerentes, pero insuficientemente fundadas”.
Celebro la pasión con que la Dra. Salas defiende sus puntos de vista, pero me voy a permitir hacerle algunas aclaraciones:
1. Mi columna estaba orientada en lo fundamental a destacar la gravedad de los actos de violencia de los jóvenes y el hecho de que hayan ido aumentando en intensidad y frecuencia durante los últimos cinco años. Los datos están tomados del Boletín Estadístico de la Fiscalía Nacional, 2025. Solo en el último párrafo hago referencia a esta curiosa coincidencia entre criminalidad e hijos nacidos fuera del matrimonio, la que se repite en la misma forma que con Japón, en el caso de Corea del Sur, Turquía e Israel, países que también tienen las tasas más bajas de niños nacidos en esa condición y, a su vez, bajísimas tasas de robos y crímenes. Y todas son culturas muy diferentes entre sí.
2. En ningún momento he pretendido establecer una relación causal. Yo hablé solo de “correlación”, tipo de observación que suele ser el punto de partida para investigaciones rigurosas que pueden llegar o no a poner en evidencia relaciones causales. Un notable ejemplo de cómo la observación de una mera coincidencia y su posterior investigación resultó exitosa fue el descubrimiento del efecto curativo del litio en la enfermedad maníaco-depresiva, algo que en cierto modo cambió el destino de la psiquiatría.
3. Por supuesto que el fenómeno de la violencia juvenil es multifactorial y se necesitarían muchas páginas para abordarlo en profundidad. Pero hay un factor que subyace a todos los demás y es el hecho de que en la evolución los humanos perdemos los mecanismos de control automático de la agresividad intraespecie (K. Lorenz, 1963) (¿el precio de la libertad?), razón por la cual las normas tienen que venir de afuera (códigos de ética, leyes, etcétera). Y la primera institución transmisora de normas es la familia y la segunda, la escuela. No sería raro, entonces, que los países con familias más sólidas y una educación más disciplinada, independiente de que sean religiosos o no, muestren menos conductas antisociales.
Otto Dörr