En los últimos años, la deuda privada ha dejado de ser una estrategia o instrumento de nicho para convertirse en una alternativa cada vez más relevante dentro del sistema financiero chileno.
En Chile, este mercado ha crecido con fuerza. Según datos de ACAFI, los fondos de deuda privada pasaron de gestionar US$ 2.600 millones en 2018 a US$ 6.600 millones al primer trimestre de 2025, consolidándose como uno de los segmentos más dinámicos dentro de los activos alternativos.
Detrás de este desarrollo hay una doble dinámica: empresas que buscan financiamiento más flexible y expedito, e inversionistas atraídos por retornos ajustados por riesgo en un entorno de tasas elevadas. Sectores como el inmobiliario, el agroindustrial o las energías han encontrado en la deuda privada una vía eficaz para financiar proyectos que muchas veces quedan fuera del crédito bancario tradicional. Los fondos pueden estructurar soluciones a medida, adaptándose a la realidad de cada operación.
Uno de los principales desafíos de la deuda privada es la estructuración adecuada de las operaciones. Se debe definir con precisión la forma de canalizar el financiamiento, ya sea mediante préstamos directos o compra de activos, y negociar garantías adecuadas al riesgo asumido.
Asimismo, este tipo de activo implica gestionar los riesgos asociados a sus operaciones. A nivel internacional, el desarrollo del crédito privado ha sido asociado al llamado “shadow banking”: un sistema de financiamiento paralelo, con menor regulación y transparencia que la banca tradicional. Si bien en Chile este mercado está lejos de representar un riesgo sistémico, su expansión sostenida hace necesario observarlo con mayor atención.
Hoy, una parte de estos fondos opera fuera del perímetro directo de supervisión, lo que implica que sus estándares crediticios dependen en gran medida de mecanismos de autorregulación. Esto vuelve clave avanzar hacia un marco que permita entender adecuadamente los riesgos involucrados, sin frenar el desarrollo del mercado.
El desafío es construir reglas proporcionales que acompañen su crecimiento. En esa línea, revisar ciertos marcos podría contribuir a un desarrollo más eficiente y transparente.
La deuda privada llegó para quedarse. La tarea ahora es asegurar que su expansión ocurra con la visibilidad y resguardos que exige un mercado cada vez más relevante.