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Editorial
Viernes 03 de abril de 2026
Irán no se siente derrotado
El discurso de Trump solo sirvió para seguir alimentando la incertidumbre.
Si Donald Trump quiso tranquilizar a los mercados y a los votantes norteamericanos con su discurso del miércoles en la noche, fracasó en su intento. Sigue la incertidumbre sobre el fin de la guerra en el Golfo Pérsico; el petróleo subió, las bolsas cayeron y en la opinión pública se mantiene la confusión de cuáles son los objetivos que quiere lograr con los ataques, que ya van en su quinta semana. La multiplicación de las amenazas al liderazgo iraní no surtió el efecto deseado. Por el contrario, desde Teherán, las declaraciones fueron tanto o más desafiantes que en el pasado. Y es que, a pesar de la destrucción de buena parte de sus capacidades, quienes están al mando piensan que no están derrotados: saben que no pueden ganar una guerra contra EE.UU., pero les basta con sobrevivir.
Trump dijo en su discurso que el conflicto estaba a punto de finalizar, que ha sido “un éxito extraordinario”, que el sistema de misiles iraní está “drásticamente disminuido” y que las fábricas de misiles y drones “han volado en pedazos”. Así, exigió al liderazgo persa un acuerdo “antes de que sea tarde” y sean enviados de vuelta a la “edad de piedra”. Desde Teherán le contestaron que los estadounidenses están equivocados si creen que destruyeron todo, y que hay siete millones de iraníes listos para enfrentarlos si deciden una operación terrestre. En cualquier caso, Irán todavía tiene suficientes municiones como para producir mucho daño a la infraestructura de la región, a las fuerzas de EE.UU. y, sobre todo, a la economía mundial, mientras tenga bloqueado el estrecho de Ormuz. Esa es su gran apuesta, el control de la principal ruta del petróleo, que les ha dado un poder que sobrepasa su capacidad bélica y que les permite aumentar el costo económico y político que pague Trump por persistir en la guerra. Y no es solo Ormuz: también puede utilizar a los hutíes de Yemen para interrumpir, además, el tránsito por el Mar Rojo, dando un golpe aún más feroz a la economía mundial.
En Estados Unidos cunde la inquietud. Las encuestas muestran poco apoyo a la guerra, resistencia a usar tropas en terreno y gran preocupación por la continua alza de los combustibles, que dispararía la inflación. Trump asegura que es un efecto de “corto plazo”, pero el norteamericano medio puede no sentir lo mismo y, probablemente, lo manifestará en las votaciones de noviembre. Demócratas como el senador Chris Murphy critican el exitismo del Presidente y aprovechan para poner en duda sus capacidades: “Su discurso está basado en una realidad que solo está en su mente”.
Un cambio de régimen en Irán parece haber sido descartado, aunque Trump ha dicho que hay un nuevo liderazgo “más razonable”, pero la verdad es que el actual parece más radicalizado y de línea dura que el anterior. Si bien el líder supremo no ha sido visto, la estructura política se mantiene, con el poder radicado, al parecer, en el aparato militar, el cuerpo de guardianes de la revolución islámica que tiene el control de las armas. Con ellos se debería avanzar en un acuerdo que se ve lejos en el horizonte. Trump insiste en que hay negociaciones y Teherán lo desmiente, si bien, con la intermediación de Pakistán, sí existe intercambio de mensajes, aunque todavía no se vislumbra que las posiciones se acerquen. Interesada en que se estabilice la situación del comercio global, China, aliada de Irán, no ha ido en su ayuda, pero busca intervenir en las negociaciones porque su mayor preocupación es que una crisis mundial afecte su economía. Junto a Pakistán habrían elaborado un plan para abrir el estrecho, involucrando a otras potencias y a los países del Golfo, y postergando para el futuro las exigencias de desnuclearización de Irán, de cambio de régimen y de limitar su producción de misiles, condiciones que Trump pone en primer lugar. Una propuesta que puede no llegar a ninguna parte.