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Editorial
Martes 31 de marzo de 2026
Hutíes a la vista
Tienen la capacidad de multiplicar el daño al comercio global.
El curso de la guerra de Irán es una incógnita. Mientras Donald Trump asegura que hay “discusiones serias”, con un “régimen nuevo, más razonable”, desde Teherán responden que no hay “negociaciones, solo mensajes a través de intermediarios” y que las demandas de Estados Unidos son “excesivas y no razonables”. Marco Rubio, más realista, dijo que había que prepararse para la eventualidad de que las negociaciones fallasen. En el terreno se han complicado las cosas con la incorporación de un nuevo actor, los hutíes, que han lanzado misiles a Israel y amenazan con seguir haciéndolo si se usa el mar Rojo para operaciones contra los iraníes. Este grupo armado chiita, que gobierna de facto parte de Yemen, no tiene una gran capacidad de fuego, pero sí suficientes misiles como para crear un grave disturbio al comercio internacional que, sumado al que se produce por el bloqueo al estrecho de Ormuz, puede multiplicar el daño para la economía global.
Los hutíes son aliados de Irán. Han recibido apoyo financiero y militar, con la entrega de misiles y drones, pero su mayor poder es geográfico, pues controlan la costa yemenita del mar Rojo y el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, por donde transita el 15 por ciento del comercio mundial. Se autodefinen parte del “eje de la resistencia” junto a Hezbolá y Hamas, y han sido un dolor de cabeza para el transporte marítimo desde el inicio de la guerra de Gaza, en 2023. Entonces, no solo lanzaron misiles a Israel, sino que dirigieron ataques contra los barcos que circulaban desde o hacia el Canal de Suez. Hasta inicios de 2025 habían lanzado 200 ataques a mercantes, resultando 30 barcos averiados, y al menos uno fue secuestrado. En marzo del año pasado, Trump ordenó atacarlos, debilitando pero no destruyendo su capacidad de hacer daño. A pesar de un cese el fuego firmado en mayo, muchos barcos siguen prefiriendo bordear África para evitar el peligro. Desde el sábado, este riesgo aumentó.
EE.UU. tiene desplegados 50.000 efectivos en la región, que estarían listos para cualquier operación que ordenara Donald Trump. Se habla de tomar la isla de Jarg, principal terminal petrolera iraní, o tal vez operativos para desbloquear Ormuz, y también se ha mencionado una eventual misión para apoderarse de las reservas de uranio enriquecido que estarían enterradas en algún túnel escondido. En cualquiera de esas operaciones hay riesgos enormes para las tropas estadounidenses, por el poder de las fuerzas iraníes, las dificultades del terreno montañoso, o por lo complicado de llegar a los sitios secretos del programa nuclear iraní. Otra opción que podría estar en la planificación norteamericana es salvaguardar el estrecho de Bab el-Mandeb, con una incursión en Yemen en contra de los hutíes. También es peligrosa, pero mucho menos que enfrentarse a la Guardia Revolucionaria Islámica iraní.
Asegurar la libre navegación por el mar Rojo debería ser una prioridad, tan importante como liberar Ormuz, y solo menor a llegar a un acuerdo para terminar una guerra que todo indica nunca debió haber empezado.