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Editorial
Domingo 29 de marzo de 2026
Las complejidades de gobernar
El llamado “copamiento” de la agenda en la primera semana fue una ilusión.
Una semana compleja tuvo la nueva administración. Nadie pudo haber anticipado la guerra que se desató en Irán y que ha elevado significativamente el precio del petróleo en los mercados internacionales. En momentos de gran incertidumbre fiscal —un déficit estructural en 2025 muy superior al proyectado por la anterior administración, gastos legalmente mandatados sin aparente respaldo en la Ley de Presupuestos y sobreestimación de los ingresos para 2026—, el Gobierno tenía poco espacio para seguir postergando iniciativas que comenzaran a cerrar la brecha entre gastos e ingresos de la nación. La estabilización de los precios de los combustibles, que es una medida más bien regresiva, no habría contribuido a ese objetivo, si bien puede discutirse la falta de gradualidad en la decisión. La ley aprobada, en tanto, contiene mitigaciones focalizadas para los sectores más afectados.
Con todo, la evidencia es abrumadora respecto de que estos aumentos de precios imponen costos políticos significativos. Sorprende, por tanto, la deficiencia en la gestión de este anuncio. Las malas noticias deben ser bien explicadas y acompañadas de un mensaje esperanzador que permita procesarlas. El formato elegido para transmitirlas —entrevistas simultáneas a distintos medios de comunicación— impidió un despliegue más efectivo de esa comunicación. Otros mensajes, como la idea de que el Estado chileno estaría quebrado, además de equivocada, no ayudan a crear un clima de confianza respecto del futuro.
Además, el Presidente apareció poco involucrado en un asunto que afecta a la población y que debía ser acompañado con un mensaje sobre su contribución a un objetivo superior. La poca conciencia de esta necesidad quedó confirmada con el anuncio, en los mismos días, de un recorte de $72 mil millones en el presupuesto del Ministerio de Seguridad. Quizás ello es necesario frente a la emergencia fiscal, pero difícil de entender para ciudadanos deseosos de una acción decidida en esta área, los que, además, son testigos de una situación enredosa de la responsable de la cartera con la PDI, y de la ausencia de una agenda precisa que permita anticipar un giro en estas materias.
El Gobierno está recién comenzando. La caída en popularidad seguramente contiene alguna sobrerreacción, corregible con una mejor articulación y un despliegue comunicacional más certero. Sin embargo, lo ocurrido deja importantes lecciones. El llamado “copamiento” de la agenda en la primera semana fue una ilusión. La alternativa más efectiva es que los distintos ministros desplieguen con rapidez y eficacia sus objetivos y las acciones para lograrlos. Aquí se han notado debilidades que conviene reparar. Hay que evaluar, además, el diseño del Gobierno. El llamado Segundo Piso parece tener un rol supervisor de algunas áreas clave que inhibe la acción de los ministros. No es su rol limitar las autonomías ministeriales. En cambio, debe estar mucho más ligado a aconsejar al primer mandatario en la estructuración de los grandes lineamientos del gobierno, en sus decisiones más fundamentales y en la administración de las tensiones propias de toda gestión.