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Cartas
Domingo 29 de marzo de 2026
Domingo de Ramos
Señor Director:
Con el Domingo de Ramos el mundo cristiano católico inicia los días más importantes de la fe. Son los días santos de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Sin ellos la vida del creyente carecería de sentido y, como dice San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, seríamos los más desdichados de todos los seres humanos” (1 Corintios 15, 19). Son los días en que se manifiesta la misericordia de Dios Padre en toda su grandeza. Estos santos días son una invitación a dejarnos abrazar por el corazón misericordioso de Dios.
En el Domingo de Ramos se aclama al Señor presente en las ciudades, campos y en la larga costa de Chile. Es el día para abrir las puertas del corazón, de los templos, de cada hogar. Es el día para abrir los labios y cantar: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”; “¡Bendito el Padre Dios que te envió y la Virgen que te dio a luz!”; “¡Dichosos los pechos que te amamantaron!”, gritó una anónima mujer que lo escuchó y conoció el bien que hacía.
El Domingo de Ramos es el día del Señor donde acuden millares y millares de personas a los templos. Esa es la grandeza de los signos. Todos queremos tener signos de importancia en nuestras vidas: algo palpable, visible. Todos queremos tener un ramo que nos acompañe en nuestras casas o en los lugares donde se desarrolla nuestra existencia, especialmente en el dolor y el sufrimiento.
Si en años pasados celebramos Semana Santa en el contexto de la pandemia, hoy lo es por la dolorosa situación de la delincuencia, el narcotráfico, la trata de personas, los asesinatos de Carabineros, la violencia en colegios y, a nivel mundial, la guerra que enluta a familias y últimamente afecta las economías de los países con perjuicio de la vida de los más pobres y de los esforzados trabajadores de todos los días.
Semana Santa… más que noticias de terminales de buses y de los mercados de mariscos es un tiempo para que todos los abatidos de la vida acepten la invitación de Jesús: “Vengan a mí, los que están cansados y agobiados que Yo los aliviaré” (San Mateo 11, 28).
Cristián Contreras Villarroel
Obispo de Melipilla