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Editorial
Sábado 28 de marzo de 2026
Complacencia frenteamplista
En lugar de reflexión o autocrítica, campean el maniqueísmo y la consigna.
Hace algunos días, el Frente Amplio (FA) inició su primer congreso ideológico, un proceso de discusión interna que culminará en junio. Se esperaría que, luego de haber encabezado un gobierno incapaz de llevar adelante la mayoría de sus anhelos programáticos, haber sido protagonista de un proceso constitucional rechazado por la ciudadanía y haber sufrido la estrepitosa derrota de la candidata oficialista en la última presidencial, este congreso fuera una oportunidad de reflexión y autocrítica. Sin embargo, su inicio —en un encuentro al que asistió el expresidente Boric— no puede sino estimarse como decepcionante.
La actividad incluyó un conversatorio con militantes destacados y un discurso de la presidenta, Constanza Martínez. Antes que reflexión, lo que caracterizó las intervenciones fue la complacencia y la insistencia en culpar a otros —la prensa “de derecha”, los poderosos— de los fracasos. Esto, además del maniqueísmo en su mirada de los adversarios y particularmente del nuevo gobierno, al que se le atribuyen las peores intenciones y se le acusa de tener —en palabras de Martínez— “un discurso muy parecido incluso al que hubo en dictadura”. Pero las cosas no se quedan solo en los dichos: hacia el final del acto, un grupo desplegó en la galería un lienzo con los rostros de Kast, Javier Milei, Donald Trump y Benjamin Netanyahu, cada uno con cuernos de diablo, y el mensaje: “Nunca serviles a locos y genocidas. Chile libre y soberano”. Más que anecdótico, el episodio da cuenta de la pervivencia de una pulsión tan radical como infantil.
Es indudable que la historia política de los últimos 15 años ha estado marcada por la irrupción del FA. Tras instalar una agenda definida por consignas como “no al lucro” y gratuidad, desafiaron a la izquierda histórica y después impulsaron una oposición confrontacional contra el segundo gobierno de Sebastián Piñera, llegando a actitudes de abierta deslealtad con la democracia. En lugar de pagar costos por eso, lograron alcanzar el gobierno con el Presidente más joven que haya tenido el país. Pero tal experiencia les significó un duro choque con la realidad, al constatarse la inviabilidad de su programa y la impericia de muchos de sus cuadros, todo lo cual se tradujo en una administración de muy mediocres resultados.
Con todo, a la luz de sus actuaciones en estos días, lejos de sacar lecciones de todo eso, han preferido seguir anclados en discursos retrógrados, corriendo a abrazar el populismo y atribuyéndose todavía una superioridad moral que el pudor aconsejaría omitir. El reciente viaje de uno de sus dirigentes a solidarizar con el régimen cubano relativiza además su compromiso democrático. Mientras, la actitud esta semana de su excandidato presidencial, Gonzalo Winter, de rechazar una nueva renovación del estado de excepción en La Araucanía, luego de haber aprobado esa misma medida hasta la última votación bajo la administración Boric, habla de una liviandad y de un oportunismo que parecen parte del sello del FA. Un sello que no parece vaya a cambiar.