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Cartas
Sábado 28 de marzo de 2026
¡Que ardan las antorchas del saber!
Señor Director:
Somos testigos de ese futuro ficcional que hasta hace no mucho tiempo veíamos como horizonte lejano: robots realizando labores de la cotidianidad, atendiendo comercios, reproduciendo piezas musicales o conduciendo vehículos. Me pregunto: ¿llegarán las máquinas a ser profesores? Posiblemente (si es que no lo son ya en algún lado). Quizás, cuando ello suceda, serán capaces de “transmitir” mucha más información que un humano.
Sin embargo, por mucho “contenido” que una máquina pueda dispensar, difícilmente será capaz de lograr el fin último al que ha de aspirar todo proceso formativo: el de ser entendido como un ejercicio espiritual. Contrario a lo que se pueda suponer, esto no guarda una connotación religiosa. Pierre Hadot lo define como un acto del intelecto, o de la imaginación, o de la voluntad, gracias a los cuales el individuo se esfuerza por transformar su manera de ver el mundo, con el fin de transformarse a sí mismo.
No se trata, entonces, de informarse, sino de formarse. Bajo este común propósito, el maestro ha de guiar y abrir caminos. Hacer como el Virgilio de Dante: servir de antorcha para iluminar la oscuridad. El estudiante, por su parte, debe cultivar la disciplina, el ímpetu y el deseo por aprender, además del respeto hacia el docente. Ese es su deber primario como alumno. Ambos elementos, así como la unión del mercurio y el azufre en la alquimia, han de conducir a la transformación de uno mismo.
Mantener la antorcha del saber ardiendo es una labor conjunta entre ambos actores: exige constancia, humildad, empatía, coraje y empoderamiento, pues la llama solo iluminará la oscuridad en la medida en que se mantengan despiertas la curiosidad, el asombro y la vocación por aprender y formarse.
De cara al inicio de un nuevo año académico, esto cobra especial importancia, pues el ejercicio espiritual se ve exigido y desafiado por tecnologías que ofrecen “atajos” al estudio, relativizando con ello su valor y esfuerzo inherente. Pero no nos mintamos: escribir prompts puede ayudarnos, pero no transformarnos. El ejercicio espiritual es, y seguirá siendo, un acto propiamente humano.
Pedro Villarino Fresno
Faro UDD