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Cartas
Viernes 27 de marzo de 2026
No hay margen para ese lujo
Señor Director:
Mantener los precios de los combustibles congelados frente a un alza sostenida del crudo es un lujo que Chile no puede costear. Según el ministro Quiroz, mantener inalterados los precios de los combustibles cuesta al fisco unos US$ 640 millones al mes. El reciente ajuste del gasto público de 3% anual genera ahorros de apenas US$ 280 millones mensuales durante diez meses: menos de la mitad de lo que se requiere para postergar solo un mes la corrección de precios.
Cada mes que se demora el ajuste no solo drena recursos, sino que concentra la recuperación fiscal en períodos más cortos, multiplicando la magnitud del aumento posterior. Mantener los precios internos sin cambios hasta junio próximo habría requerido un alza en el valor del diésel superior a $1.800 por litro; extender la postergación hasta agosto de este año habría significado un ajuste intolerable. Sostener seis meses de precios congelados agotaría por completo el Fondo de Estabilización Económica y Social, transformando cualquier corrección futura en un shock imposible de absorber.
Por otra parte, la historia confirma que los shocks que contraen la oferta de petróleo suelen ser duraderos. Tras la crisis de 1973 y la revolución iraní de 1979, los precios se mantuvieron elevados durante años. En la guerra del Golfo de 1990, la reversión del precio del petróleo tomó ocho meses, mientras que la normalización de su valor tras la Primavera Árabe de fines de 2010 tardó cerca de dos años. Incluso eventos más recientes, como la guerra de Ucrania en 2022, mostraron que los niveles de precio del crudo tardaron aproximadamente un año en volver a valores cercanos a los previos.
La guerra actual contra Irán presenta riesgos no menores de prolongación. Apostar a una caída rápida en el precio del crudo frente a unas finanzas públicas deterioradas es jugar con fuego.
Postergar el ajuste no solo eleva el costo mensual, sino que convierte la recuperación fiscal en un riesgo explosivo. Chile no tiene margen para ese lujo: cuanto más se demora la modificación de los precios, más abrupta y costosa será la corrección. La evidencia y la prudencia fiscal exigen actuar hoy: retrasar el ajuste es hipotecar el futuro de todos.
Carlos Budnevich
Universidad de los Andes