Hace unos días, en un reportaje televisivo de Canal 13, aparecieron dos jugadores de la U, Marcelo Morales y Lucas Assadi, saludando y recibiendo felicitaciones de Víctor Poblete Aguilera, alias “Vitoko”, acusado de pertenecer a una organización criminal que lo mantiene detenido y formalizado por tráfico de drogas, tenencia de armas y asociación ilícita.
El sujeto, que subió a sus redes sociales capturas de pantalla enseñando las videollamadas con ambos futbolistas, es también un exlíder de la barra Los de Abajo sobre el que pesa una orden de prohibición de ingreso a todos los estadios del país por ocho años.
El club reconoció la gravedad del hecho y les pidió explicaciones a los jugadores, aunque posteriormente los exculpó pues en opinión del gerente técnico Manuel Mayo, ni Morales ni Assadi midieron la situación y “tal vez de manera ingenua contestaron llamadas”.
Se le reconoce a Mayo la premura para enfrentar el problema y puede que tenga razón, pero no es aconsejable dar por descontado que la actuación de los futbolistas obedeció únicamente a la “candidez” o a la ignorancia de ambos sobre quién era Poblete Aguilera, un reconocido fanático que pululaba cerca del equipo y que lo acompañaba en sus desplazamientos siempre que podía.
Sorprende, además, la facilidad de ciertas personas para acceder a los futbolistas, porque para los reporteros —que no son de medios partidarios, claro— contactar a un jugador como Assadi, por ejemplo, es una tarea titánica. Y que conteste el teléfono con videollamada incluida, casi imposible.
Facilidades también tuvo “Vitoko” para entrar —con una credencial de prensa visada por el club— al partido de la Copa Sudamericana 2025 que los universitarios jugaron con Alianza en Lima, y que el equipo peruano denunció en su momento. Más: lo simple que fue para ese sujeto continuar ingresando a los recintos para ver los partidos de la U pese a la orden de los tribunales en su contra.
La historia engancha con otra hebra que enreda más el asunto: Poblete Aguilera también sostuvo un encuentro con Aldo Marín, director de Azul Azul, quien aparece fotografiado junto al personaje de marras en una estación de servicio. La imagen dejó en un mal pie al dirigente. Y peor aún cuando respondió que no se acordaba lo que había conversado con el barrista.
El episodio escala en gravedad debido a los comprobados lazos que existen entre facciones de las barras bravas con el crimen organizado, lo que sugiere continuar investigando lo que se destapó en la U para despejar toda duda razonable, que brota espontánea en casos como estos previendo el peligro de que los poderosos tentáculos de las bandas criminales alcancen a los clubes y a sus deportistas.
Una investigación o por lo menos un relato comprobable de hechos serviría para certificar que el encuentro de Marín con Poblete Aguilera fue “casual y la primera y única vez que se vieron”, como se defendió el directivo 48 horas después de conocerse la denuncia. Y también para medir los grados de candidez de los jugadores, quienes lejos de comprender la gravedad de lo sucedido y de “mostrar arrepentimiento” —como había asegurado Mayo—, declararon que “el equivocado fue Canal 13”.
Muy ingenuos, sí.
Felipe Vial
Editor de Deportes