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Editorial
Jueves 26 de marzo de 2026
¿La hora de las energías renovables?
Este shock del petróleo debe haber convencido a muchos países de las ventajas de reducir la dependencia de un recurso tan volátil.
Cada noticia que habla de la prolongación de la guerra en Irán eleva el precio internacional de los combustibles, así como luego los anuncios sobre supuestas conversaciones de paz —como el que hizo Donald Trump a principios de semana, para ser luego desmentido por el régimen persa— lo hace caer. En este contexto, se expande el temor a una recesión global, si es que el conflicto se extiende por algunas semanas más. Y es que, pese a las enormes inversiones en energías renovables no convencionales (ERNC), el precio del petróleo sigue siendo determinante para las economías de todos los países.
Esto se debe, en parte, al propio crecimiento de la economía mundial, que aumenta los requerimientos de energía para sostenerse, de modo tal que el avance de las ERNC no ha eliminado la demanda por combustibles fósiles. En efecto, el consumo mundial de estos aún crece, aunque a una tasa mucho menor y donde se espera que alcance su máximo en pocos años. Sin embargo, esta última predicción podría variar con el auge de la inteligencia artificial—gran demandante de energía— y con la oposición del Presidente Trump a las renovables.
En Chile, las ERNC se utilizan fuertemente en el sector eléctrico: más de dos tercios de la electricidad de 2025 se generaron usando renovables, incluyendo entre estas la hidroelectricidad. Así, aunque el sistema sigue siendo afectado por el valor de los combustibles, el número de horas en que la formación de precios depende de ellos está cayendo, lo que hace que la generación sea cada vez menos sensible al petróleo y sus variaciones.
Distinta es la situación en otros sectores económicos, los que siguen dependiendo de los combustibles fósiles. El transporte, por ejemplo, utiliza más de un tercio de la energía final nacional y depende casi totalmente de ellos, como lo han vuelto a mostrar las proyecciones que se hacen de los efectos que tendrán los cambios en el Mepco que ha llevado a cabo el Gobierno, pues aunque ha aumentado el número de vehículos eléctricos (VE), estos representan una fracción ínfima del mercado, salvo en el importante caso de los buses.
Frente a este panorama, se ha estudiado aumentar los subsidios a los VE, pero esto parece apropiado solo —y tal vez— en el caso de los taxis. En efecto, los beneficios de un subsidio (por ejemplo, préstamos a tasa reducida) pueden ser importantes en su caso por la gran cantidad de kilómetros diarios que recorren, lo que los hace grandes emisores de contaminantes. Más discutible es subsidiar al resto del sector automotor, donde una medida de este tipo sería probablemente regresiva y de eficacia reducida en comparación con otras utilizaciones de esos mismos recursos. De hecho, los precios de los VE ya están cayendo por el cambio tecnológico y sus costos de uso son mucho menores que los de vehículos convencionales. Son estas ventajas —especialmente notables ahora— las que harán que en algún momento el mercado vehicular pase efectivamente a ser eléctrico. Por cierto, un freno a ese avance es la escasa disponibilidad de cargadores públicos rápidos y las dificultades en la instalación de cargadores privados, particularmente para quienes viven en departamentos. Pequeños cambios a la ley de copropiedad podrían tener, en este sentido, un impacto relevante; por ejemplo, exigiendo a las construcciones nuevas contar con las respectivas facilidades y asegurando que en el caso de las antiguas no se obstaculice a los propietarios que deseen implementarlas.
En esta transformación, será luego necesario electrificar la industria y la minería, si bien quedarán aun así espacios en los que se necesitarán combustibles para producir calor y como insumo en ciertos procesos industriales, pero en una magnitud mucho menor a la actual.
Con todo, incluso de lograrse una electrificación casi total de nuestra economía, esta seguiría siendo afectada por los precios de los combustibles. La razón es que el resto del mundo probablemente aún dependerá de ellos y, cuando su actividad se ralentice, nos impactará por la vía de una menor demanda por nuestras exportaciones. Sin embargo, el actual shock de precios debe haber convencido a muchos países de las ventajas de independizarse de un recurso tan volátil, por lo que es predecible un nuevo impulso a las ERNC. En ese sentido, un resultado paradójico es que la guerra en Irán, que ha disparado el valor de los combustibles fósiles, podría terminar llevándolos a menores precios de largo plazo.