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Editorial
Miércoles 25 de marzo de 2026
Retiro de apoyo a candidatura ONU
El partidismo que estuvo en el origen de la postulación ha impedido la necesaria condición de política de Estado.
Controversia provoca el retiro del patrocinio de Chile a la candidatura de la expresidenta Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas. Aunque no se menciona en el comunicado oficial de ayer, el patrocinio nacional que en su momento anunciara el Presidente Boric ha sido interpretado, desde sus inicios, como una imposición partidista del mandatario saliente y del entonces oficialismo, en razón de carecer de la conveniente oportuna información y consulta al Presidente electo, José Antonio Kast, y a Chile Vamos. Ese partidismo ha impedido la necesaria condición de política de Estado, con apoyo transversal, para respaldar la pretensión de la exmandataria y asumir además los compromisos para el país que involucra una postulación, independientemente de cuál sea su resultado. Se agrega el surgimiento de dos candidatos argentinos y otros de Ecuador y Costa Rica, demostrativos de la falta de consenso latinoamericano que, según el comunicado del Gobierno, junto con la oposición de actores clave en el proceso, restan viabilidad a la candidatura.
En respuesta a la decisión del Ejecutivo, la expresidenta reconoce que las definiciones en política exterior pueden variar con las nuevas administraciones, contemplando esta determinación dentro de las prerrogativas del Presidente de la República, aunque su visión de Estado sea distinta. Agrega que persistirá en su cometido apoyada por México y Brasil, basado en el fortalecimiento del multilateralismo, la contribución de América Latina a los desafíos mundiales y sus compromisos con la cooperación internacional y la promoción de la paz y los derechos humanos. En el comunicado no se hace referencia a las reformas que pretende introducir en la ONU.
Por su parte, el canciller Pérez Mackenna reiteró, ante la Comisión de RR.EE. de la Cámara, la política de Estado en favor del multilateralismo, la cooperación internacional, la promoción de la paz, los derechos humanos y la importancia de las relaciones con México y Brasil.
La Organización de Naciones Unidas atraviesa por la más severa crisis en sus 80 años de existencia, hecho reconocido, durante largo tiempo, por la casi totalidad de los gobiernos extranjeros e incluso por su actual secretario general, António Guterres. Desde hace décadas, ha experimentado un creciente desprestigio y desgaste por su incapacidad de cumplir con su propósito esencial de velar por la paz, seguridad y desarrollo mundial, y administrar correctamente los inmensos recursos aportados por los Estados miembros. Las graves falencias y enormes desafíos exigen profundas reformas y alternancia en las convicciones ideológicas en sus cargos superiores. De allí que lo aconsejable sería que quien sea elegido para ocupar la Secretaría General no tenga visos de continuismo y esté libre de las ataduras y conflictos de interés que impone haber desempeñado altos cargos en la organización. Este no ha sido el caso de António Guterres, ex primer ministro de Portugal y dirigente de la Internacional Socialista, que antes de ser elegido se desempeñara, por más de una década, como alto comisionado en la organización. Es probable que la autogeneración, recíproca protección y contrataciones por afinidades ideológicas sean causales de las abundantes críticas a la privilegiada sobredotación burocrática de la ONU.
El Gobierno, junto con retirar el patrocinio nacional, ha declarado que su decisión fue comunicada previamente por el Presidente Kast a la expresidenta, y que, en consideración a su trayectoria, se abstendrá de apoyar a cualquier otro candidato en el proceso eleccionario.