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Editorial
Martes 24 de marzo de 2026
Todo por Ormuz
Todo sugiere que la guerra y sus efectos durarán más de lo que Trump quiere admitir.
Si Donald Trump creyó poder salir rápido de la guerra contra Irán, parece haberse equivocado. Su estrategia de anunciar un acuerdo inminente con Teherán consiguió ayer bajar los precios del petróleo y activar los mercados bursátiles, pero el desmentido de Teherán volvió a levantar las alarmas de que no habría tal avance, de que ni siquiera habría una negociación formal y menos que los iraníes estén a punto de capitular. Israel, por su parte, tampoco parece proclive a dejar de atacar, pues su objetivo declarado es el colapso del régimen islámico. La guerra y los efectos nefastos en la economía global probablemente durarán más de lo que Trump quiere reconocer.
El jefe de la Agencia Internacional de Energía sostuvo que esta crisis petrolera será peor que la suma de las de 1973, 1979 y de la guerra de Ucrania. Es probable que Trump esté al tanto de esto, y su apuro por anunciar negociaciones que están recién en las preliminares (terceros países islámicos estarían mediando para organizar una reunión en los próximos días) tiene por objetivo tranquilizar a los mercados, pero también poner presión sobre Teherán para sentarse a la mesa. El ultimátum que lanzó Trump el sábado no tuvo el resultado que esperaba, porque el diezmado liderazgo iraní, que no se ha amilanado frente a los bombardeos, tampoco se doblegó y, por el contrario, respondió amenazando con una dura represalia que afectaría también a los aliados de Estados Unidos. Frente a un ataque a sus plantas de energía, Irán respondería dirigiendo sus misiles a la infraestructura civil de los países del Golfo, lo cual significaría, probablemente, dañar las plantas de energía eléctrica y desalinizadoras, que proveen el agua potable en los emiratos y Arabia Saudita. Pero, además, un alto personero iraní aseguró que también lanzarían misiles contra entidades financieras del Golfo que compran bonos del Tesoro. Vistas estas probabilidades es que Trump retrocedió y habló de un diálogo sobre “una resolución total y completa de las hostilidades”.
Este episodio que está en desarrollo parece una nueva prueba de que su política y estrategia para el conflicto no estaban afinadas y que se improvisa a medida que se presentan los obstáculos. Algunos dicen que si hubo alguna estrategia, ha sido un fracaso. Al inicio de la guerra, Trump no presentó ni una justificación para atacar ni los objetivos precisos que quería lograr, y en el transcurso de estas semanas tampoco ha sido claro en cómo pretende terminarla. Ayer habló de 15 puntos para acordar; entre ellos, el principal era un “Irán sin armas nucleares”, para lo que tomaría el control del uranio, nada menos que 440 kilos del material enriquecido a 60 por ciento, suficiente para varias bombas nucleares si se procesa al 90 por ciento. Todo lo que Trump plantea como mínimos para negociar son las bases para una rendición total de los iraníes. En este momento, su principal preocupación es desbloquear Ormuz, para que fluya el petróleo y el gas, y bajen los precios, pero los iraníes tienen la llave del estrecho y le harán difícil la negociación. Mientras más demora un acuerdo, más larga será la recuperación de la economía. Según cálculos de especialistas, si se firmara hoy habría que esperar al menos cuatro meses para ver normalizado el mercado internacional del petróleo.