El portero checo de 23 años Antonin Kinsky, de Tottenham Hostpur, salió llorando de la cancha en el partido que la semana pasada disputó su equipo ante Atlético de Madrid por la Champions. Comprensible: el arquero fue reemplazado a los 17 minutos por orden del DT Igor Tudor tras dos gruesos errores de Kinsky, que posibilitaron que a esa incipiente altura del encuentro los españoles estuvieran 3-0 arriba.
Tudor no miró a su cuidavallas. Ni siquiera saludó al jugador al irse a los vestuarios, lo que fue interpretado en ese momento como un evidente castigo del DT hacia su dirigido. Lo responsabilizó de todo. Luego, el entrenador se refirió al tema en estos términos: “Cuando se saca a un jugador en estas circunstancias, la gente te pregunta ‘¿por qué haces eso?Has acabado con él', te dicen. Pero si no lo haces, te arriesgas a encajar uno o dos goles más, así que tomé la decisión después de pensarlo y, si tuviera que hacerlo, volvería a hacer lo mismo. Fue un acto para ayudar a proteger al jugador y al equipo”.
El domingo pasado, en la liga chilena, Cobresal se enfrentaba con Limache en El Salvador. El cuadro minero caía 3-0 en el primer tiempo y el DT de los mineros, Gustavo Huerta, hizo algo que debe ser una marca mundial: en el entretiempo cambió cinco jugadores, todas las modificaciones permitidas de una vez.
El DT no ha comentado hasta ahora cómo y por qué tomó esa drástica decisión. Si fue un arrebato, si fue producto de la rabia o realmente Huerta pensó que hacer todos esos cambios resolvería los problemas de su equipo. Vaya uno a saber…
Cuando ocurren episodios como los que acontecieron en la Champions y en el torneo local, también conviene preguntarse qué grado de responsabilidad asumen los entrenadores por las determinaciones adoptadas.
Si un jugador falla, comete estropicios o derechamente no está mostrando el nivel que se espera de él, es natural que sea sustituido.
Pero hacer un cambio a los 17 minutos de juego o cambiar la mitad del equipo en el entretiempo también revela una mala elección inicial que el DT pocas veces asume.
Tudor sabía que su joven portero debutante en el torneo más importante de Europa tenía un alto nivel de tensión en la antesala del partido. Y si no lo sabía, debió haberlo intuido. Confirmarlo como titular y luego sacarlo intempestivamente son dos situaciones que el DT de Tottenham Hostpur debe asumir y explicar. No es solamente un comentarista de los hechos, sino que un protagonista central de la historia.
Lo mismo acontece en el caso de Gustavo Huerta. Si bien él muchas veces hizo cambios “masivos” en los descansos (tres era su estándar), esta vez al cambiar a los laterales, a los volantes externos y a uno de los delanteros dio a entender que hubo un error de apreciación propia en torno a cómo plantearía el encuentro su rival. Y de la misión que debían cumplir los que empezaron como titulares.
Huelga decir que ni Tottenham Hostpur ni Cobresal dieron vuelta los marcadores que teóricamente forzaron las decisiones de sus entrenadores. Es que no todo es responsabilidad del que está en la cancha, aunque a veces a los DT les gustaría que así pareciera.