La mañana en que ambos presidentes no pudieron conversar y se separaron enojados fue un momento oscuro. Ese día en el salón amarillo los pares de ministros y ministras, quienes salían y los que llegaban, conversaban animadamente. Luego podrían hablar en detalle de sus carteras pues, aunque los gobiernos pasan, el Estado debe seguir funcionando. Sin embargo, las reuniones no se hicieron. Cinco días después, ambos presidentes recapacitaron: uno llamó y el otro aceptó la llamada. En La Moneda pudieron hablar a solas durante una hora. Las nubes negras se despejaron y las cosas volvieron a su curso. El cambio de gobierno y la ceremonia en el Congreso fueron solemnes. Boric al despedirse le entregó una carta al Presidente, veremos si algún día sabemos lo que le escribió. Públicamente, el expresidente le ofreció su presencia y consejo cuando le convocaran.
Desde un liceo en Ñuñoa, el Presidente José Antonio Kast entregó su primer discurso. Lo hizo frente a los estudiantes y contó que su profesor de historia —quien pensaba muy distinto a él— le enseñó el valor del respeto. En un salón lleno y en silencio, les agradeció a los estudiantes que también lo recibieran con respeto. Señales correctas y positivas. El país necesita diálogo, respeto y acuerdos.
Los tres poderes del Estado son custodios de la república. Y eso recae hoy en cuatro personas, dos hombres y dos mujeres. Tienen responsabilidades gigantes y así lo han declarado en sus primeros discursos.
Paulina Núñez, la presidenta del Senado y militante de Renovación Nacional, se comprometió a actuar con altura de miras, con capacidad de diálogo y con la voluntad sincera “de reencontrarnos, especialmente con quienes piensan distinto”. El presidente de la Cámara, Jorge Alessandri, militante de la UDI, habló sobre la necesidad de reencontrarse en el trabajo legislativo, y llamó a todo el arco ideológico de la Cámara, desde el PC hasta el Partido Nacional Libertario, a demostrar “que la política, cuando se ejerce con responsabilidad y con respeto, sigue siendo una herramienta noble al servicio del bien común”. La presidenta de la Corte Suprema, Ana Gloria Chevesich, primera mujer en 200 años que encabeza la institución, ha comprometido una administración de justicia independiente, imparcial, proba y sobria. Busca apartar a la justicia que se imparte en el país del desprestigio, desconfianza y falta de credibilidad que vive hoy. Los tres poderes del Estado, custodios de la república, deben proteger, vigilar y defender los pilares fundamentales de la democracia, respetar el Estado de Derecho y fortalecer las instituciones.
La discusión política vive momentos de mucha polarización. Algunos programas de televisión y de streaming empujan un tono descalificador, con datos sin fuentes conocidas, azuzando miradas opuestas que sobreviven cuando se aplasta al otro.
Comprometer diálogo, respeto y trabajo por el bien de Chile va a requerir de una disciplina y coordinación gigantesca del gobierno, sus autoridades y de los partidos políticos que los apoyan. El tono de la discusión pública lo modulará el Ejecutivo. Se ha cumplido un ciclo de autoridades que primero han sido feroces opositores y luego deben gobernar. Pasó con Gabriel Boric frente al Presidente Piñera, y con el Presidente Kast y el exmandatario del Frente Amplio. Ya se sabe lo que es ser oposición y luego gobierno. Se necesitan críticamente para representar a Chile y sus anhelos. Que sirva esa experiencia para pensar en el país y gobernar para todos y todas, no solo para los propios.
Paula Walker