“Ahora sí, viva Chile”, fue un grito que se asomó desde las graderías del salón pleno del Congreso cuando el Presidente Kast fue investido. Sin quererlo, el grito resumió el ethos de muchos que hoy llegan al Ejecutivo: pensar el país solo desde los propios.
El 8 de marzo recordó que nuestro país ha alcanzado grados de masividad excepcionales en cuanto al feminismo, pero eso no quiere decir que todas las mujeres se consideren feministas o adhieran a sus expresiones más estereotípicas. Sí hay al menos cinco generaciones que han vivido un cambio a mayor libertad y en ello resuena la derrota de Beatriz Hevia, Martín Arrau y compañía el 17 de diciembre de 2023. El odio visceral de la ultraderecha al feminismo les hace perder de vista esa transformación.
Esto es especialmente claro en las tres causales, que hoy alcanza un abrumador 80%. En cuanto al aborto sin causales, según la encuesta CEP de marzo-abril de 2025, solo un 16% está en contra del aborto en cualquier circunstancia, una posición que era mayoritaria hace 25 años. La composición del Congreso en cuanto a esto es probablemente la inversa, es cierto.
Otro dilema es la posición de parlamentarios de republicanos, el Partido Nacional Libertario y el Partido Socialcristiano que valida la idea de una “avalancha de falsas denuncias” que no tiene asidero en las estadísticas judiciales. En Brasil esta arremetida llevó a que se legislara el Síndrome de Alienación Parental, que no tiene reconocimiento en los manuales de diagnóstico, en la Organización Mundial de la Salud ni en la Asociación Americana de Psicología. El Comité de Expertas de la Convención de Belem do Para (MESECVI) ha llamado explícitamente a prohibir su uso para desacreditar testimonios. Y pese a haber sido rechazado previamente, se presentó de nuevo, al igual que en países como España y Colombia.
Eso no es casual, sino parte de la avanzada contra los derechos de las mujeres en el mundo, muy financiada y organizada a través de grupos como la Political Network for Values que presidió nuestro nuevo Presidente Kast.
En un contexto de minoría legislativa y crispación, nuestra gestión fue capaz de llegar a acuerdos amplios en torno a igualdad de género: la Ley Papito Corazón fue unánime, la ley de Reparación a Víctimas de Femicidio no tuvo votos en contra. Punto aparte merece la Ley Integral, que se destrabó después de siete años.
El archivo les juega en contra a republicanos y al Partido Social Cristiano en cuanto a acuerdos. ¿Qué incentivos tienen para dialogar con esa parte del país que podrá no gustarles por usar pañuelo verde, pero sigue siendo patria?
¿Qué primará, el silencio estratégico en cuanto a igualdad de género que le permitió al Presidente Kast romper su techo de voto femenino o la tentación de seguir los caminos de sus socios Viktor Orban, Bolsonaro y compañía? En el ideario de Jaime Guzmán está clara la subordinación de las mujeres. Hasta ahora la estrategia ha funcionado, pero la doctrina dura, tira.
Antonia Orellana Guarello