La visita a Chile de la líder venezolana (Premio Nobel de la Paz) María Corina Machado es mucho más que un gesto protocolar. Su presencia recuerda que, mientras en muchos países la democracia se da por sentada, en Venezuela millones de personas siguen luchando por recuperarla.
Con el paso de los años, María Corina Machado se ha transformado en una de las voces más firmes y valientes de la oposición democrática venezolana frente a los regímenes de Chávez, primero, y del dictador Maduro, después. En un contexto marcado por la persecución política, la erosión de las instituciones, las graves violaciones a los derechos humanos y la destrucción de su economía, su liderazgo ha destacado por la claridad de sus convicciones y por un coraje que pocas veces se ve en la política latinoamericana.
No es fácil sostener una voz crítica cuando el costo puede ser la persecución, la inhabilitación política, el exilio o incluso la cárcel. En Venezuela, quienes han decidido enfrentar al poder autoritario han debido pagar precios personales y familiares muy altos. Sin embargo, María Corina Machado ha persistido una y otra vez en la defensa de principios que en cualquier democracia deberían ser evidentes: elecciones libres, separación de poderes, respeto a la dignidad humana y plena vigencia de las libertades públicas.
En 2010, luego de participar en un seminario organizado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en Caracas —donde junto al exsenador Andrés Allamand expusimos sobre las lecciones de la transición a la democracia en Chile—, María Corina (en su casa) expresó su temor de que la lucha por la libertad en Venezuela iba a ser de largo aliento, y que era necesario contar con el apoyo decidido de los gobiernos, especialmente de nuestro continente (varios dirigentes políticos expresaron su desilusión ante la falta de apoyo a su causa de la mayoría de los gobiernos de América Latina, incluido el nuestro).
En este contexto, coincidimos en que era imprescindible pasar a la ofensiva y asumir un rol proactivo en el debate público de apoyo a las demandas de la MUD, reivindicando algunos valores democráticos fundamentales, como el de la autodeterminación de los pueblos y la dimensión universal de los derechos humanos (lo que, dicho sea de paso, derivó en la aprobación de innumerables proyectos de acuerdo en el Senado, donde se pedía a los distintos gobiernos un apoyo claro y decidido a la causa de la libertad y la democracia en Venezuela).
La presencia de María Corina Machado en el cambio de mando presidencial debe impulsarnos a apoyar decididamente la lucha por la libertad y la democracia de millones de venezolanos. Seamos claros, Venezuela no ha recuperado la democracia y, a diferencia de lo que ha dicho el Presidente Trump, Delcy Rodríguez no es la Presidenta de Venezuela. Ella solo representa la continuidad de la narcodictadura corrupta de Maduro, y su gobierno no tiene legitimidad de origen.
La presión internacional es clave para permitir, mediante elecciones libres y transparentes (sin inhabilidades para Machado ni para nadie), que el sufrido pueblo venezolano pueda elegir sus autoridades. Solo un gobierno legítimo va a ser capaz de liderar una transición a la democracia de manera exitosa. El rol que puede jugar en esta materia el Presidente José Antonio Kast es importante. Quien sabe si, junto a otros jefes de Estado del continente, nuestro Presidente logra convencer a Trump de que es indispensable que las elecciones presidenciales de Venezuela deben realizarse durante este año.
Patricio Walker Prieto