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Editorial
Martes 10 de marzo de 2026
Resultados educativos mediocres
En los últimos años el debate estuvo muy marcado por consideraciones ideológicas que parecen haber alejado la discusión de la sala de clases.
Los últimos resultados del Simce, aunque reflejan una relativa estabilidad, no dejan de ser inquietantes. Desde luego los resultados en cuarto básico, que después de la pandemia parecían estar experimentando una tendencia al alza, muestran un leve retroceso que, si bien no alcanza a ser significativo, coloca los desempeños en matemáticas en el mismo nivel de 2012. Hay, sin embargo, una gran diferencia. En ese entonces las brechas de género eran inexistentes. Ahora son de 15 puntos en favor de los hombres, una diferencia importante. En lectura también se aprecia un leve retroceso, pero más preocupante es que el desempeño no es estadísticamente distinto del que se registró en 2011. Y aunque en esta disciplina los resultados son algo mejores que en matemáticas, sigue siendo cierto que más de la mitad de los niños no lee fluidamente y, por tanto, tiene dificultades para comprender las lecturas de su edad.
En octavo básico, que no se medía desde 2019, los resultados son muy pobres. Se observa un retroceso respecto de ese año tanto en lectura como en matemáticas. En la primera de estas disciplinas, la proporción que logra estándares adecuados de aprendizaje alcanza tanto en lectura como en matemáticas un 18,9%. En cuarto básico, los niños que alcanzan un nivel adecuado en lectura se situaron en un 47,5% en 2025, pero este retroceso sugiere que los aprendizajes iniciales son muy débiles y no entregan las habilidades necesarias para sostener los que se supone deben adquirirse en los cursos superiores. Indudablemente, los aprendizajes son cumulativos y si no se construyen buenos cimientos, los rezagos se presentarán más temprano que tarde. El nuevo gobierno tiene aquí un ámbito en el que puede hacer una diferencia.
En efecto, si se pone foco en esos primeros cuatro años promoviendo salas de clases orientadas a objetivos concretos y motivando a los actores educativos en esa dirección, se pueden producir cambios concretos. Por ejemplo, que la inmensa mayoría de los niños pueda leer adecuadamente a finales de segundo básico. Para estos propósitos las capacidades existen, hay recursos que se pueden reasignar y acciones que se pueden implementar. Ese foco no solo permite construir cimientos sólidos, sino también crear una cultura respecto de la forma en que se pueden fortalecer los aprendizajes en otros niveles educativos. Esto supone reponer en el plan nacional de evaluaciones un instrumento Simce que permita medir los logros alcanzados en segundo básico para introducir las correcciones indispensables.
En segundo medio se observa una pequeña tendencia al alza en matemáticas, pero los desempeños son aún inferiores a los observados en 2012-13, y la proporción de jóvenes con estándares adecuados de aprendizaje está apenas por sobre el 20%. En lectura los resultados son también decepcionantes. Hay un estancamiento de los desempeños en los últimos años, bastante por debajo de los registrados en 2012, y apenas un 22% de estos alumnos logra estándares adecuados de aprendizaje. Tampoco se aprecian avances en los indicadores de desarrollo personal y social, lo que evidencia un estancamiento de la educación chilena en niveles muy mediocres.
Desde que existe un Simce comparable en el tiempo es posible distinguir con claridad dos períodos. El primero va de fines de los 90 del siglo pasado hasta comienzos de la segunda década del presente, que exhiben con altos y bajos una tendencia al alza en los desempeños educativos, salvo quizás lectura en octavo básico. El segundo período, desde ese entonces hasta ahora, que puede considerarse uno de estancamiento con algunos retrocesos.
El debate en educación siempre ha sido álgido, pero en la primera etapa, con mucho más foco en lo que sucedía en la sala de clases. En la segunda etapa el debate estuvo muy marcado por consideraciones ideológicas que parecen haber alejado la discusión de la sala de clases y la concentraron en aspectos institucionales que están mucho más imperfectamente relacionados con las interacciones que suceden en el núcleo pedagógico. Parece necesario volver a concentrar el debate en el punto focal de esa primera etapa. Es ahí donde se va a jugar la posibilidad de tener una educación de mejor desempeño y oportunidades más equitativas.