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Editorial
Martes 10 de marzo de 2026
Retorno del sentido republicano
No cabe sino celebrar que tanto Boric como Kast hayan vuelto a conversar.
El abrupto término que tuvo la reunión del pasado martes 3 de marzo entre Gabriel Boric, Presidente en ejercicio, y José Antonio Kast, Presidente electo, destinada a continuar con el republicano ejercicio de traspaso de información previo al cambio de mando, generó una alta tensión entre ambos líderes. Ella se extendió también a sus equipos, todo lo cual fue percibido claramente por la ciudadanía, augurando una compleja ceremonia para este 11 de marzo, cuando se lleva a cabo la sesión de Congreso Pleno en la que se realiza el mencionado cambio de mando.
Afortunadamente, tan solo cinco días después, y luego de aterrizar en Santiago procedente de EE.UU., donde había participado en la cumbre “Escudo de las Américas” con la presencia del Presidente de ese país, Donald Trump, Kast se dirigió rápidamente al Palacio de La Moneda, acogiendo una invitación que Boric le había enviado, y que el republicano había recibido poco antes de despegar. El hecho de que ambos hayan dejado a un lado sus respectivas molestias, y hayan preferido retomar el diálogo, es un hecho positivo que debe ser valorado. El país se beneficia tanto del gesto de Boric, de tomar la iniciativa para dejar atrás el incidente, como del de Kast de aceptar la invitación y retomar las conversaciones.
El incidente original se provocó porque desde el Gobierno no hubo la transparencia ni la claridad para entregar la información relativa al problema del cable chino, a pesar de que públicamente se quiso presentar como que sí lo había hecho, y por la rigidez de la postura que adoptó el equipo de Kast para exigir que ello se aclarase de cara a la población, antes de seguir adelante con las conversaciones. Con el paso de los días, y ante las negativas consecuencias que mantener las tensiones podría significar para el país, los ánimos se aquietaron. Así, con la mente más fría, se volvió a imponer la cordura, y primó la tradición republicana de que el cambio de mando no solo debe resultar impecable en las formas, sino también en las intenciones, incluyendo la ceremonia protocolar en el Congreso Pleno y las conversaciones entre los equipos salientes y los entrantes, de modo de facilitar la continuidad operativa del Estado y del aparato de gobierno.
De todas formas, los roces que se han generado en torno al traspaso de información, así como la discusión respecto de cuál se debe entregar y con qué nivel de detalle ello debe ocurrir, abren un debate importante. Si lo que se busca es el bien del país, esa información debe ser lo más amplia posible, especialmente en lo que se refiere a los temas donde hay discrepancias, puesto que las democracias se validan precisamente porque otorgan a la ciudadanía la opción de cambiar de autoridades cuando consideran que la forma en que se han llevado los asuntos públicos no la satisfacen. Y respetar ese mandato ciudadano exige que la información de los temas candentes sea puesta sobre la mesa de manera transparente y con todas sus complejas aristas.
El hecho de que los equipos entrantes y salientes conversen de manera civilizada previo a que los primeros entreguen el poder y los segundos lo reciban establece ritos que enaltecen a la política, que requiere cada vez más de una gran capacidad de diálogo para encontrar acuerdos, y comenzar a recuperar así su alicaído prestigio. De modo que no cabe sino celebrar que tanto Boric como Kast hayan vuelto a conversar, que el incidente se haya dado por superado, y que el país pueda volver a vivir un cambio de mando democrático, fiel a sus mejores tradiciones.