Este miércoles 11 de marzo Chile vive un histórico cambio de mando. En esta jornada, el Presidente Gabriel Boric deja su cargo y asume José Antonio Kast para el período 2026-2030. Como parece obvio, siempre que asume un nuevo gobernante es un momento de gran relevancia, marca el camino de la democracia y nos permite observar la evolución política del país.
Así ha sido históricamente, aunque ha habido ocasiones en que no ha podido llevarse a cabo una sucesión normal, como ocurrió tras la muerte de los gobernantes durante el ejercicio del cargo o en crisis institucionales graves.
En el primer caso se inscriben Federico Errázuriz Echaurren, quien falleció en 1901, poco antes de terminar su mandato; lo mismo ocurrió con Pedro Montt en el año del Centenario; y bajo la Constitución de 1925 fallecieron dos presidentes sucesivos, ambos radicales: Pedro Aguirre Cerda (1941) y Juan Antonio Ríos (1946).
En el segundo caso podemos mencionar a José Manuel Balmaceda, quien, si bien se suicidó un día después de terminar su mandato, tras su derrota en la guerra civil depuso el mando en el general Baquedano. Arturo Alessandri no terminó su gobierno, después del golpe militar de 1924; lo mismo le ocurrió a Carlos Ibáñez del Campo en 1931, cuando renunció en medio de una profunda crisis; finalmente, Salvador Allende se suicidó el 11 de septiembre de 1973, durante la intervención militar que terminó con su administración y con toda una época.
Desde 1990 en adelante ha existido una continuidad democrática plena, que estuvo a punto de interrumpirse durante la revolución de octubre de 2019. Durante este período podemos distinguir dos fases en materia de sucesión presidencial: la primera se dio con los cuatro gobiernos sucesivos de la Concertación, con Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Después vino la época de la discontinuidad, cuando asumió Sebastián Piñera en 2010, a quien sucedió la propia Bachelet; luego gobernó nuevamente Piñera, quien entregó el mando a Gabriel Boric, manifestación del carácter transformador propio de octubre de 2019 y de un proceso constituyente en marcha. Su mandato ha culminado de una manera que seguramente no esperaba cuando asumió cuatro años atrás: entregando el mando a José Antonio Kast.
El caso es notable, porque tanto Kast como Boric fueron diputados, como otros presidentes en la historia nacional. Sin embargo, desde la Constitución de 1925 es primera vez que hay una sucesión presidencial entre dos personas que solo fueron diputados y no miembros del Senado.
Hasta la fecha, ha habido muchos exsenadores que entregaron el mando a exmiembros de la Cámara Alta. Desde 1990, los dos primeros gobernantes fueron senadores (Aylwin y Frei), los siguientes fueron exministros (Lagos y Bachelet); Piñera, por su parte, fue senador en el primer Congreso de la democracia. En el caso de Boric, fue diputado entre 2014 y 2022, en tanto Kast lo fue entre 2002 y 2018.
Hay una segunda novedad interesante. Gabriel Boric fue el líder del Frente Amplio (tras la fusión de su anterior partido, Convergencia Social). Se trata de una corriente históricamente nueva y que por primera vez llegó a La Moneda, superando la era de la Concertación y la centroderecha. José Antonio Kast, tras su renuncia a la UDI, fue fundador y líder del Partido Republicano, también corriente nacida al calor de la renovación de la segunda década del siglo.
Es similar a lo que sucedió en 1970, cuando Eduardo Frei Montalva entregó el mando a Salvador Allende, en circunstancias que ni la Democracia Cristiana ni el Partido Socialista existían en 1932, cuando comenzó la época de continuidad institucional. Es una muestra —como hoy el paso del Frente Amplio al Partido Republicano— de la gran vitalidad del sistema de partidos y de la democracia en Chile.
Las elecciones de 2021 y de 2025, en cualquier caso, representaron una novedad histórica. La primera vez se enfrentaron Kast y Boric en segunda vuelta; en tanto en la última lo hicieron Jeannette Jara (Partido Comunista) con el propio Kast (republicano). Cualquiera que hubiera triunfado habría significado un hecho inédito. Lo que no ha cambiado es el carrusel presidencial, o la alternancia, como se le denomina: el triunfo del opositor y la incapacidad de continuar con la misma línea política en La Moneda.
Por lo mismo, la gran novedad que podría representar el nuevo Presidente de la República sería entregar el mando a alguien de su mismo sector, aunque no fuera necesariamente del mismo partido. Esta continuidad sería un signo original, en tiempos críticos y apasionantes.
Alejandro San Francisco
Universidad de Tarapacá