El Estado de Chile hace rato gasta más de lo que puede. Desde el 2014, el gasto del gobierno central ha crecido cerca de 50% (real), muy por sobre la expansión de la economía. Por eso, los déficits estructurales parecen tetera desatendida que chilla sobre el fuego: 2,7%, 3,3%, 3,6% del PIB en los últimos tres años. Las excusas políticas frente a los descuadres ya son un arte y la insostenible tendencia lo deja a uno como loro en el alambre.
Hablando de arte y alambres, hasta febrero pasado el MoMA tenía una exposición increíble. Más de 300 obras de Ruth Asawa se presentaban en el último piso del museo ubicado en Manhattan. La colección incluyó dibujos, pinturas y grabados; todo unido con el relato de vida de la artista nacida en California de padres japoneses.
Entre sus obras, las esculturas colgantes de alambres son las más notables. Imagine un larguísimo cable que se entrelaza y da forma a una esfera alargada, una gota o una vaina. Hasta ahí no hay mucha novedad, pero lo interesante es que la técnica permite crear formas dentro de formas. ¿Cómo así? Visualice una esfera hecha de un delgado alambre. Ahora, utilizando la misma hebra metálica, ubique una segunda esfera dentro de la primera. Como ambas son construidas con un solo cable, la escultura es continua y, al estar llena de hoyitos, uno distingue las dos figuras. El resultado es una transparencia espectacular. Las esculturas de Asawa tienen volumen, pero sin masa sólida. Dan la ilusión de más espacio cuando en realidad hay mucho menos. Qué lástima que en economía esa magia no sea verosímil.
La influencia de la artista se enmarca en lo que en diseño se conoce como “la honestidad de los materiales”. Un ejemplo son esos techos de hormigón descubiertos, tan de moda en Chile. Quizás no de gusto universal, la idea de mostrar con sinceridad de qué están hechas las cosas le resuena a cualquier economista.
¿Y qué inspiró a Asawa? No lo va a creer. En 1947, México entraba en una profunda crisis económica. Para hacerse cargo de la escasez, el Presidente Miguel Alemán Valdés implementó un duro programa de ajuste que incluyó cuadrar el presupuesto federal. En esas complejas circunstancias, y aun como estudiante universitaria, Ruth visitó Toluca. Allí vio a artesanos que, entrelazando alambres, creaban canastos que luego vendían para capear la crisis. Así, entre austeridad fiscal y pobreza, aprendió la técnica que luego perfeccionaría. ¿Cómo le fue a México con ese ajuste? La economía se recuperaría con fuerza dando paso al “milagro mexicano” (1950-70).
Cómo son las cosas. La escasez inspiró a quien sería un referente del modernismo. La ilusión de hacer más con menos la catapultó al éxito. Sin embargo, en economía ese mismo delirio es receta de fracaso. De ahí que lo notable de las esculturas de Asawa no sea solo la magia, sino la transparencia y honestidad que conllevan. En su honor, reconozcamos que en Chile se han fabricado demasiados castillos en el aire. Entendamos que el ajuste del gasto público es impostergable.