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Editorial
Domingo 08 de marzo de 2026
Balance del feminismo gubernamental
Cuando Boric debía mostrar inequívocamente su sensibilidad en estas materias, su actuación resultó desilusionante.
La plataforma del gobierno de Boric, particularmente la del Frente Amplio (FA), tenía entre sus pilares principales la agenda feminista. Por esa razón, la mayoría de las iniciativas o políticas públicas que impulsaban debían contener entre sus postulados “la perspectiva de género”, y el lenguaje utilizado en todos sus planteamientos, escritos u orales, debía duplicar los artículos con que se referían a personas —utilizando “el” y “la” o “los” y “las”— y, en ocasiones, sustituían las vocales “a” y “o”, normalmente referidas a personas masculinas o femeninas, por una “e” o una “x”.
Sin embargo, esos alardes retóricos y los fundamentos conceptuales en los que se basaban, dieron lugar a resultados dispares, muchas veces alejados de las intenciones prometidas, o bien, se expresaron en conductas abiertamente contradictorias con la agenda que buscaban servir.
Una agenda feminista debería concentrarse en mejorar la situación de las mujeres —más allá de agregar un artículo femenino en cada frase— en los más diversos ámbitos de la vida social, en los que ellas se vean perjudicadas o inmerecidamente discriminadas. Sin embargo, en la actual administración, el desempleo femenino —probablemente el tema de mayor importancia para esa agenda— se ha mantenido consistentemente más alto que el masculino, terminando en un 9,1% versus un 8% de los hombres, en circunstancias que el último año del segundo gobierno de Piñera este llegó a un 9,2%, pero con un panorama muy distinto al de una economía “normalizada”, como el gobierno define a la actual, y luego de sufrir aquel una revuelta social y una pandemia.
Cuando Boric se vio enfrentado a situaciones en las que debía mostrar inequívocamente su sensibilidad en estas materias, su actuación resultó desilusionante, como constataron las mujeres en el caso Monsalve, al permitirle a este viajar a ver a su familia y continuar con su agenda, luego de conocer la acusación que el subsecretario había recibido. Una muestra de la contradicción entre sus declaraciones e intenciones y su posterior actuación. También resultan contradictorias con esa agenda las tibias referencias a la situación de las mujeres en países donde gobiernan los fundamentalismos islámicos —Irán o Afganistán, por ejemplo— solo porque estos están en un bando distinto del de las economías occidentales, al que ellos califican de neoliberales.
En otras palabras, el balance que deja esta administración en su agenda feminista es de una gran retórica y un muy pobre desempeño, con muchas inconsistencias y contradicciones, y una selectividad para focalizar sus planteamientos y críticas, muy contrarios a la universalidad que se esperaría en esta materia.