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Editorial
Jueves 05 de marzo de 2026
Un salvataje a los partidos
Las democracias consolidadas en el mundo tienen pocos partidos políticos, pero con fortaleza.
En las postrimerías de su mandato, el Gobierno intentó introducir un salvataje a los partidos políticos que, de acuerdo con la ley, debían desaparecer por no alcanzar el número de parlamentarios que exige la ley. La norma, que afortunadamente este miércoles se rechazó en la Cámara de Diputados, establecía que estos partidos podrían fusionarse con aquellos que hubieran alcanzado al menos un 5% de los votos a nivel nacional o tener cuatro parlamentarios.
Es indudable que en la última década, tras el fin del sistema binominal, el régimen político chileno evidencia un pronunciado problema de gobernabilidad. En este sentido, existe un creciente consenso político en que las causas de su mal funcionamiento se encontrarían principalmente en un sistema electoral que no contribuye a la estabilidad política y en partidos sin disciplina, con vínculos débiles con la sociedad civil y sin anclaje programático
Cabe destacar que en la actual legislatura llegamos a tener casi 30 partidos con representación parlamentaria. Y en ese plano, la desaparición de colectividades es una buena noticia. Numerosos politólogos han advertido sobre el problema que padece el sistema de partidos, y ha sido el expresidente Eduardo Frei quien ha alertado de la presencia de verdaderas “pymes políticas” que hacen ingobernable al país.
Las democracias consolidadas en el mundo tienen pocos partidos políticos, pero con fortaleza. Usualmente son entre dos y cinco colectividades relevantes por país. No más que eso. Ello permite lograr acuerdos y conformar grandes corrientes de opinión. La fragmentación que experimenta la política chilena, por el contrario, hace muy difícil la gobernabilidad. No solo se debe dialogar con cada partido, sino que no existe ningún incentivo ni castigo para permanecer al interior de él.
En ese sentido, es inexplicable que el Gobierno haya establecido esa indicación y es una buena noticia que se haya rechazado. El resto de la reforma política aprobada es más bien intrascendente para el problema que enfrenta Chile. Lamentablemente no se han abordado los aspectos de fondo, que son el discolaje y el establecimiento de un umbral de votación del partido para ser electo parlamentario.
Esta realidad desafortunadamente ha sido la tónica de Latinoamérica, donde lo que se ha llamado el “camisetazo” (políticos electos por un partido que rápidamente abandonan sus filas) ha sido una práctica tremendamente nociva. El caso peruano es otra muestra de aquello; actualmente existen en ese país 36 partidos que tienen candidato presidencial para las próximas elecciones.
Y en lo que aparecía como el principal aporte de la reforma propiciada por el Gobierno —el aumento de exigencias para la constitución de partidos políticos—, a último momento el Ejecutivo rebajó la exigencia del 0,5% del padrón al 0,3%. Con todo, al menos, es un mínimo avance respecto de la situación actual.