La Ley 20.019 ha sido tema de esta columna durante varias temporadas. Varios años. Y hace tiempo lo ha sido el proyecto que propone reformarla. Las Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales (SADP), que nacieron por una necesidad, hoy requieren ser modificadas. Mientras los clubes del fútbol profesional fueron corporaciones de derecho privado, debieron ser fiscalizados por el Ministerio de Justicia, que jamás ejecutó alguna fiscalización. Ahora, como S.A. deben responder. Pero hay que “tenerlas cortitas”, porque como toda organización humana tienden a tirar la rienda de las leyes.
El proyecto de reforma está a punto de ser aprobado por el Congreso, siempre jineteado por el senador Matías Walker.
Las reformas, reclamadas por la crítica y la afición, al menos para el fútbol, son de sentido común: evitar la multipropiedad, impedir que representantes de jugadores tengan acceso a la propiedad, permitir que las SADP y la ANFP sean fiscalizadas por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) y posibilitar que los aficionados puedan acceder a la propiedad.
La ley nació en 2016. Una década más tarde se hace más que necesario, imprescindible, modificarla. En la sección Cartas de “El Mercurio” han planteado puntos de vista algunos representantes de clubes y el autor de la ley y del proyecto.
Los dirigentes plantean que a nadie del fútbol se ha citado en el desarrollo legislativo, siendo quienes dirigen la actividad y la conocen como nadie. Tal vez por eso no los citaron, pues aun conociéndola a fondo la tienen como la tienen, con el peor directorio que la ANFP ha tenido en su historia. (El período de Sergio Jadue se considera en otro rubro: la historia criminal del fútbol).
El autor del proyecto dice lo que siempre ha dicho y es lo que el aficionado y el periodismo reclaman: transparencia, lo que no se consigue —y no vale la pena seguir exigiendo— al actual directorio ni al Consejo de Presidentes.
Sorprende que los dirigentes que se sienten excluidos del proceso legislativo sean presidentes serios. Entre ellos está Juan Tagle, de Universidad Católica, que podría ser un buen candidato a la presidencia de la ANFP. Cabe la posibilidad, entonces, de que puedan recapacitar y ser agentes del cambio que el fútbol necesita con urgencia.
No pueden seguir las cosas como están. Queremos un fútbol con clubes sólidos, con instituciones sólidas, buenos campeonatos, una selección competitiva, pero, antes que nada, un fútbol limpio. Hoy no lo es.