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Cartas
Lunes 02 de marzo de 2026
Situación carcelaria
Señor Director:
Una vez más, la situación carcelaria captura el debate público. Volvemos a encontrarnos con datos que hace tiempo conocemos, pero que vuelven a horrorizarnos: sobrepoblación y hacinamiento, colapso sanitario, imperio de la violencia, problemas brutales y extendidos de salud mental, nula o escasa segregación, canibalismo, tráfico de drogas, armas, teléfonos, alcohol, comida y todo lo que se necesite. Penales controlados por bandas del crimen organizado (que no se siga sosteniendo que el Gobierno tiene pleno control de las cárceles), gendarmes mal preparados y mal equipados, que además viven amenazados o coludidos. Nula rehabilitación y, por tanto, impensable la reinserción. Como tantas veces se ha dicho, verdaderas escuelas del crimen.
Frente a este escenario, se reacciona de manera espasmódica. En 2024, el Presidente Boric prometió una nueva cárcel de alta seguridad, que comenzaría a construirse en 2025. Entonces advertí que la idea era una quimera y que no se llegaría a hacer del modo ni en los tiempos anunciados.
Cuando se conocen nuevos hechos —en particular, fugas facilitadas por la mirada impávida o reacción torpe de demasiados—, el Gobierno anuncia una reestructuración basal de Gendarmería de Chile. La reforma es absolutamente necesaria, pero seamos francos: es compleja, tiene muchas aristas que deben analizarse en profundidad y, por tanto, será de tramitación extensa. Entretanto, como es obvio, en nada cambiará la cruda realidad de los recintos penitenciarios del país. No caigamos en la tentación de esperar que algo pase para que todo cambie y, finalmente, aquello que esperamos, no ocurre o, si bien ocurre, nada cambia.
En este contexto, vuelvo con algo que he planteado antes: una cárcel de alta seguridad no es una solución para una crisis como la que vivimos. Se requiere construir recintos de baja peligrosidad. Son más rápidos de levantar, son más económicos, hacen posible la rehabilitación y la consecuente reinserción; por sus características permiten reducir el hacinamiento y generan una resistencia ciudadana significativamente menor.
Aproximadamente, un 50% de las personas recluidas en verdaderos infiernos en la tierra no tienen condena previa (primerizos) o no están vinculadas a violencia grave o crimen organizado. A ellos hay que sacarlos cuanto antes de esos lugares. Por ahora, que los delincuentes violentos o del crimen organizado se queden en esas estructuras viejas e insalubres. Partamos haciéndonos cargo de quienes sí pueden ser rehabilitados.
Rodrigo Hinzpeter Kirberg