En el discurso sobre el Estado de la Unión, Donald Trump, el martes pasado, apenas habló de la política exterior, y a Irán le dedicó solo unos minutos, para enfatizar la amenaza que representan sus misiles balísticos. Todo el mensaje se centró en la economía, pero la mención a Irán fue señal de una posible acción militar, considerando que estaban desplegadas las fuerzas navales y aéreas en las cercanías y que las negociaciones en Ginebra sobre el programa nuclear iraní estaban fracasando.
El ataque iniciado el sábado nos confirma que Trump puede parecer impulsivo, desenfocado, errático incluso, pero que cuando ha puesto la mira en un objetivo, sea la captura de Nicolás Maduro o el cambio de régimen en Irán, toma decisiones drásticas, sin temer las consecuencias. Hay que poner ojo en lo que puede pasar con el liderazgo de Cuba, que ya está advertido.
Trump en campaña prometió no meterse en “guerras interminables”, y fue un crítico acérrimo del “aventurismo” que llevó a EE.UU. a quedar atrapado en Irak. Su base de MAGA y los independientes que lo apoyaron tenían una tendencia al aislacionismo, pero sobre todo, les preocupaba que el país no progresara. Hasta ahora, las encuestas mostraban la economía como la principal preocupación de los norteamericanos, y se perfilaba como el tema principal de las próximas elecciones de noviembre, donde el Partido Republicano pretende retener la ajustada mayoría legislativa que le ha permitido a Trump gobernar con cierta libertad. Por eso le insistieron que dedicara su discurso a ese tema. Aseguró que “la economía está rugiendo como nunca antes había rugido”, pero la mayoría de los norteamericanos no tenía esa apreciación.
En una encuesta de Reuters/Ipsos tomada justo antes del discurso, el 68% dijo que no creía que la economía estaba en auge, pero lo complicado para el Presidente es que ese porcentaje incluía 43% de los republicanos. Y sobre la inflación, el 80% no consideraba que esté controlada, como asegura Trump.
El electorado es voluble, sensible a las dificultades económicas personales, y no le gustan las incursiones en el extranjero. Una encuesta de enero (Marist Poll) señaló que el 56% no aprobaba la política exterior de Trump, el 57% estaba en contra de un ataque a Irán, el 56% se oponía al de Venezuela y sobre el 80%, a una intervención contra los narcos en México.
Las elecciones de mitad de mandato, las midterms, son una especie de referéndum sobre el Presidente, y su popularidad es clave para el resultado de su partido: un promedio de las últimas encuestas sitúa la aprobación de Trump en 43%, con el 55% que desaprueba su gestión, y a los demócratas aventajando por varios puntos a los republicanos. Pero como los sondeos son una foto del momento, habrá que esperar los siguientes para saber cómo la guerra en Irán incide en el ánimo de la opinión pública.
La decisión de atacar a Irán es una apuesta peligrosa para Trump, EE.UU. y el mundo.