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Editorial
Jueves 26 de febrero de 2026
Las prioridades de Trump
El exitismo de Trump puede ser contraproducente.
En el discurso más largo de un Presidente al Congreso de EE.UU., Donald Trump buscó presentar lo mejor posible los éxitos de su gobierno, teniendo en la mira ganarse a los votantes que deben elegir en noviembre nuevos miembros del Congreso, para retener el control de ambas cámaras, actualmente con mayoría republicana. Trump aprovechó el tradicional discurso sobre el Estado de la Unión para atacar duramente a la oposición demócrata, remarcando y exagerando los logros de sus políticas económica y de inmigración, las que han definido su presidencia y aglutinan a su base más férrea, pero son controvertidas para sus adversarios y parte de la opinión pública que está en desacuerdo con el manejo de ambas.
La preocupación principal de los norteamericanos cuando eligieron a Trump era el costo de la vida, por lo que no sorprende que le haya dedicado toda la primera hora del discurso (de 107 minutos) a la economía, tratando de convencer de que el país había entrado a una “era dorada”, que estaba mejor que nunca en la historia, de que efectivamente la inflación no solo estaba controlada, sino que muchos precios habían bajado, y de que el empleo y el país tenían un crecimiento sostenido.
Quienes contrastan datos han resaltado que si bien esto es en parte cierto, hay precios que afectan directamente el presupuesto familiar, como los de la vivienda, electricidad y abarrotes, que siguen subiendo, así como bienes importados afectados por los nuevos aranceles. Es cierto que el número de puestos de trabajo habría crecido, pero el desempleo sería mayor que durante el gobierno de Joe Biden, al que Trump apunta como el gran causante de todos los problemas heredados.
El exitismo de Trump puede ser contraproducente si parte de los votantes no percibe en su vida personal que el país está tan vibrante, y podrían sentir que el Presidente no está en contacto con la realidad que ellos viven cada día. Según encuestas recientes, solo el 36% aprueba el manejo de la economía (el 56% lo desaprueba), mientras el 41% piensa que la economía está peor que en 2024 (con Biden).
Es probable que, a pesar de que los datos macroeconómicos muestren algunos signos positivos, los encuestados no logren percibirlos en sus bolsillos, cuestión que puede ser definitoria en noviembre y explica la preocupación de los republicanos, y del Presidente, por magnificar los logros, como los récords alcanzados en el mercado bursátil. Sobre los aranceles, confirmó que tras el fallo de la Corte Suprema los implementará por otra vía, porque “el Presidente tiene esa autoridad”.
En cuanto a la inmigración, Trump fue tan duro con los extranjeros como lo ha sido antes, al señalarlos como delincuentes que amenazan la seguridad de los ciudadanos. Probablemente sus partidarios de MAGA quedaron conformes, pero las encuestas señalan que hay una mayoría, que incluye a algunos republicanos, que difiere de la política aplicada para detener y deportar a extranjeros: solo 38% de los consultados está de acuerdo con la política de inmigración.
Su agresividad con los demócratas alcanzó un punto alto al acusarlos de querer cometer fraude electoral porque se niegan a aprobar una ley que obliga a los extranjeros a exhibir pruebas de ciudadanía al registrarse como votantes.
Para un Presidente que ha dedicado tanto tiempo a los temas internacionales, fue decepcionante que no se explayara en cuestiones tan candentes como un eventual ataque a Irán (solo le dedicó tres minutos). Apenas mencionó a Ucrania y dejó totalmente fuera del discurso las tensas relaciones con China. Tampoco se refirió a su obsesión por comprar Groenlandia, uno de los temas más polémicos de su política exterior.