Cada vez que Fernando Atria habla, se vuelve a abrir la Caja de Pandora, porque el exconvencional no deja de anunciar un mal tras otro. En su momento, pontificó que la Constitución era tramposa, después anunció que el modelo estaba fracasado, y ahora nos dice que “el resultado del 4 de septiembre fue una catástrofe para el país”.
¿Puede expresarse de manera más nítida el talante sombrío, pesimista y retrógrado que caracteriza a los supuestos progresistas, entre los que Atria destaca nítidamente?
“Catástrofe”: el término expresa toda la frustración de quien, sosteniendo una y otra vez que deben primar las mayorías, no es capaz de reconocer la derrota aplastante que el Chile de la normalidad le propinó al mamarracho por el que Atria votó Apruebo el 4 de septiembre de 2022. Su convicción de que el texto propuesto podría haber sido beneficioso para el país muestra hasta qué punto ese día señero dividió las aguas en la dirección correcta.
“Catástrofe”: la palabra escogida revela cuán lejos se puede estar de la realidad, porque resulta que por segunda vez —tres años después, tiempo suficiente como para que el electorado hubiera querido corregir la “catástrofe”, optando por Jara— la mayoría de los votantes ratificó su opción del 2022, eligiendo ahora a José Antonio Kast como Presidente de la República. ¡Qué pueblo tan tonto, que para corregir una “catástrofe” se provoca otra igual o incluso peor!
“Catástrofe”: es uno de esos conceptos con los que los ideólogos frustrados hacen magia. Hay otros términos que completan su arsenal demagógico. A veces son las “estructuras de dominación”; otras es “la violencia purificadora”; y ahora repetirán a coro que el Rechazo fue una “catástrofe”, y que Boric ha sido un éxito. Sí, porque resulta que para Atria el gobierno que termina ha sido exitoso. O sea, ¿justamente en el medio de la catástrofe nacional que según el gurú frenteamplista significó la derrota de Boric en el plebiscito del 2022, él ha podido realizar un gobierno exitoso? No se entiende. ¿Catástrofe o éxito?
Si solo se tratara de declaraciones exóticas, no habría que perder el tiempo en comentarios sobre el tema. Pero el problema es que para Atria todo está pendiente. En cualquier momento volverá a abrir la Caja de Pandora, una y otra vez, porque no se nos olvide nunca que su opción sigue vigente. Él y sus seguidores pretenderán reiniciar el proceso que fracasó. Porque, ¿qué se hace frente a una catástrofe? Se toman medidas extraordinarias y extremas, ¿no?
El 11 de marzo está al llegar. Si al Presidente Kast se lo considera desde ciertas izquierdas parte de la “catástrofe nacional”, ¡agárrate Catalina!, porque resuenan para siempre las sinceras palabras de Atria, ya señeras: “El problema constitucional tendrá que resolverse por las buenas o por las malas”, nos dijo ya hace muchos años. Las “buenas” fallaron estrepitosamente en 2022. En el contexto de la supuesta “catástrofe”, ¿qué características tendrán las “malas”? ¿Está dispuesto Atria a explicarnos cuáles son hoy para él, “las buenas y las malas”?
Si Atria ha querido retomar protagonismo con su entrevista, nada bueno se puede esperar de quienes al leerlo con admiración quieran hacerle eco. Hoy, igual que ayer, toda movilización nace de la magia ideológica, toda insurrección se incuba desde los textos, y toda violencia se estimula desde los verbos. Sí, a veces desde una cómoda cátedra...
Lo que los jóvenes de 2011 llevaban en la mochila no eran los libros de Atria; era la Caja de Pandora que el ideólogo frenteamplista custodia como un tesoro muy preciado. Cada cierto tiempo la abre y suelta uno que otro mal.