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Editorial
Martes 17 de febrero de 2026
Recuperación de la sensatez
Los planteamientos de Amarillos ayudaron a devolver a la política la moderación, la cordura y la sensatez.
Mientras más se alejan los acontecimientos de octubre de 2019, sus contornos emergen como los de un período en que la sensatez se descontroló. La violencia y la destrucción provocada por los grupos que encabezaban la revuelta, algunos de los cuales quisieron manipular la situación para alterar la institucionalidad democrática y producir la caída de la figura presidencial, debieron haber desencadenado una fuerte reacción contraria. El que ello no haya ocurrido de manera clara y categórica generó la falsa sensación de apoyo ciudadano a la diversidad de quejas de las marchas de protesta. Sin embargo, cuando se retomó un camino institucional, y la Convención Constitucional, con una mayoría de miembros que representaban el ánimo refundacional del octubrismo, empezó a configurar la Carta Fundamental acorde con ese ánimo, la población reaccionó, y produjo el amplio rechazo que recibió esa propuesta.
Ese repudio fue en parte un traductor de las emociones que se habían acumulado en contra del movimiento octubrista, tanto respecto de lo que había ocurrido como de su contenido refundacional, y de la grotesca manera en que se fue construyendo. Esas emociones se fueron canalizando no solo en torno a las tradicionales opciones en las que estaba estructurada la política nacional, sino también a través del surgimiento de grupos o partidos nuevos, cuyos miembros habían tenido en el pasado sensibilidades cercanas a la Concertación.
Por primera vez, esos grupos estuvieron dispuestos a compartir una postura común con la derecha, en contra de la propuesta constitucional que se le ofreció a la ciudadanía. Por ejemplo, renunciados militantes de la Democracia Cristiana formaron el partido Demócratas, y un variopinto conjunto de personas se agruparon en torno al movimiento Amarillos, que luego se transformó también en un partido político, y se manifestaron públicamente en contra de la Constitución surgida de la Convención.
Sus planteamientos, especialmente en el caso de Amarillos, por el amplio espectro de proveniencias de sus partidarios y militantes, resultaron fundamentales para que la ciudadanía convergiera en el Rechazo en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022, pues ayudaron a devolver a la política la moderación, la cordura y la sensatez que parecían haberse perdido tan solo meses antes.
Mucho se ha discutido respecto de si ese plebiscito marcó un quiebre en el clivaje del Sí y el No del plebiscito de 1988, sobre el que había pivotado la política chilena en las décadas anteriores, generando ahora uno nuevo en torno al Apruebo y el Rechazo. Más allá de la validez de esa apreciación, que el tiempo permitirá despejar con mayor precisión, no hay duda de que recuperar la moderación y la sensatez es lo que permite reconstruir los consensos, tan determinantes para impulsar la creación de valor, que conduce al progreso social.
De ahí que la desaparición de los partidos del “centro político” —Amarillos, Demócratas e incluso Evópoli—, producto del resultado que obtuvieron en las últimas elecciones, genere una natural preocupación respecto de la capacidad del país de preservar esa moderación y mantener la sensatez. La posibilidad de caer en un nuevo ciclo de atrincheramiento de posiciones entre gobierno y oposición está siempre presente y la necesidad de introducir correcciones importantes al camino seguido por el actual gobierno solo puede facilitarlo. De ahí el valor de la decisión del Presidente electo de incorporar a representantes de esas colectividades en su gabinete, no solo como una señal de inclusión a quienes contribuyeron a ese eventual cambio de clivaje, sino porque supone una búsqueda de consensos más amplios, que preserven la sensatez y la moderación, a pesar del torbellino de desencuentros en el que se da el debate político, y que la posibilidad de retomar un camino de progreso más permanente se extienda en el tiempo, para beneficio del país como un todo.