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Cartas
Martes 17 de febrero de 2026
Los avellanos de Walker
Señor Director:
Ignacio Walker, en una audaz columna publicada ayer en su diario, aconseja ciertas lecturas al futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. Parece haber notado cierto vacío intelectual e ideología anti-Estado en el futuro ministro al escucharlo en un seminario junto a Hernán Büchi y Cristián Larroulet —Walker escribe como si el seminario hubiese sido ayer, pero fue en noviembre, muy extraño—.
En esa conversa, continúa Walker, Quiroz habría mostrado una ideología anti-Estado al relevar el rol de las personas por sobre el del Estado y las instituciones en el nacimiento de la industria de los avellanos. “Haría bien”, insiste Walker, en “hacer un recorrido por los premios Nobel de Economía desde Douglass North (1993) hasta Robinson, Acemoglu y Johnson (2024)”, además de otros cientistas sociales que relevarían el rol de las instituciones. Esto también es extraño porque, ¿acaso tiene que leer también, por ejemplo, a los premios Nobel de 2003, los econometristas Engle y Granger, para creer en las instituciones y el Estado de Derecho? En fin, luego Walker nos ilumina diciendo que “las fuerzas económicas y los mercados no actúan en un vacío político e institucional”. Todo parece un chiste.
En su análisis, Walker omite por completo el diagnóstico chileno, donde se llegó a inventar una horrible palabra llamada “permisología” a propósito del obstruccionismo estatal; agrega otras citas extrañísimas y descontextualizadas de políticos e intelectuales —para qué decir la de Thatcher, que significa lo contrario de lo que Walker afirma— y tiene la audacia de mandar a leer autores tan trillados como Acemoglu. Todo es increíble, pero lo peor es que supone que Jorge Quiroz —o incluso cualquier persona de derecha— no cree en la sociedad o en la importancia del Estado, las instituciones y el Estado de Derecho para el desarrollo humano y el dinamismo de la sociedad.
Insistir en ello es simplemente una payasada y es el fiel reflejo de la absoluta falta de argumentos de la izquierda, que tiene que salir a inventar demonios inexistentes y atacarlos. Es la clásica y eterna técnica retórica del “hombre de paja”. Y la izquierda, aplicándola de mal en peor desde 1990, tanto que llevan semanas hablando de su nuevo santo y gurú intelectual en geopolítica: Bad Bunny.
Fernando Claro V.
Fundación para el Progreso