Interesante la conversación entre Jorge Quiroz, ministro designado en la cartera de Hacienda, y Hernán Büchi, exministro de Hacienda, en panel moderado por Cristián Larroulet, a propósito de los 35 años de Libertad y Desarrollo.
Interesante, entre otras cosas, porque permite saber qué es lo que piensa realmente quien será el timonel del equipo económico del futuro gobierno de José Antonio Kast.
Junto con el énfasis en la necesidad de volver a las cosas básicas (libertad de permiso, retorno, dignidad) y los pilares básicos del programa de José Antonio Kast (facilitación regulatoria o desregulación, ajuste tributario y equilibrio macroeconómico), en la conversación, Quiroz da un ejemplo que refleja mejor que cualquier otra cosa lo que verdaderamente piensa en el ámbito económico.
En el fondo, lo que Quiroz está diciendo es que, más que el rol del Estado, de las instituciones o de las políticas públicas, lo que hace al desarrollo y el progreso es la inventiva y capacidad empresarial, en el contexto del dinamismo de la empresa privada y los mercados.
Su ejemplo es lo que ocurre con el avellano europeo. En Chile, el éxito de la producción y exportación del avellano europeo habría sido producto de la visión y acción de los emprendedores, de los agricultores, al interior de una economía libre, y del funcionamiento de los mercados, y no de la participación del Estado, las instituciones y las políticas públicas.
Pregunta: ¿sabrá el recientemente designado ministro de Hacienda que, a lo largo de los últimos 35 años, hay una legión de funcionarios públicos, de burócratas, desde los presidentes, las cancillerías, la dirección de relaciones económicas (actual subsecretaría), en perfecta sintonía entre el sector público y privado, resultante en un conjunto de políticas públicas, de instituciones y de la acción del Estado, y de una red de Tratados de Libre Comercio que permiten que ese avellano europeo llegue con arancel cero a los lugares de destino?
Lo que hay en el trasfondo de la interesante y reveladora exposición del flamante ministro de Hacienda es una concepción sobre la autonomía de las fuerzas económicas y los mercados que desconocen y desprecian, hasta cierto punto, el rol de las políticas públicas, las instituciones y el Estado.
Haría bien el nuevo ministro de Hacienda de hacer un recorrido por los premios Nobel de Economía, desde Douglas North (1993) hasta Robinson, Acemoglu y Johnson (2024), junto a toda una literatura en las ciencias sociales, económicas y políticas, que sostienen una sola tesis central: las instituciones importan.
Las fuerzas económicas y los mercados no actúan en un vacío político e institucional.
Harían bien los neoliberales de nuestros días en leer y releer a los clásicos del liberalismo, desde Thomas Hobbes, John Locke y Adam Smith, entre otros, todos los cuales remiten a la importancia de las instituciones.
El liberalismo clásico fue una formulación a la vez filosófica, moral, política, social y económica, en claro contraste con el reduccionismo economicista de mercado del neoliberalismo de nuestros días. Un punto de partida de esa consulta y reflexión tal vez sea el estupendo libro de Leonidas Montes sobre “Adam Smith” (2024) y el número especial del CEP, del mismo año, en que abundan en referencias sobre el valor central de las instituciones económicas y para qué decir el concepto de empatía en la “Teoría de los Sentimientos Morales”, que, según me parece, es completamente ignorado por los economistas neoliberales de nuestros días.
“El Estado es parte del problema, no de la solución” (Ronald Reagan); “la sociedad no existe” (Margaret Thatcher), son como una síntesis, casi como una caricatura, del neoliberalismo contemporáneo, con su reduccionismo economicista de mercado.
Si no logramos entender que lo mejor del Chile de las últimas décadas reside en una colaboración público-privada y en una ecuación que logra conciliar el empuje empresarial, al interior de una economía de libre mercado, con un rol activo del Estado, de las políticas públicas y de las instituciones, difícilmente vamos a alcanzar una convergencia tan virtuosa como la de esos años; porque, reconozcámoslo, la “nueva mediocridad” sobre la que advirtió Christine Lagarde en 2013, como el gran peligro de las economías emergentes, se ha instalado peligrosamente en el Chile de la última década y media.
En definitiva, surge la duda y la pregunta sobre si el ejemplo del avellano europeo del ministro designado Jorge Quiroz, no corresponde a una ingenuidad de mercado más que a una economía de mercado.
Ignacio Walker