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Editorial
Viernes 13 de febrero de 2026
Verano infinito
Loreto Cox: Las vacaciones escolares son tan largas que significan un retroceso significativo en el aprendizaje de los niños.
Posiblemente, el tiempo no vuelva nunca a ser infinito, como se percibía en los veranos de la infancia. Eran tan largos que, entre ensoñación y ensoñación, uno podía perder por completo la noción de los días; tan largos, que a veces alcanzaban a producir cambios visibles en el cuerpo.
De hecho, las vacaciones escolares son tan largas que significan un retroceso significativo en el aprendizaje de los niños. Aunque la investigación no es concluyente sobre la magnitud de este retroceso, estudios recientes para Estados Unidos estiman que la pérdida de aprendizaje durante el verano equivale a lo aprendido en unos dos meses de clases (Kuhfeld, 2019).
Durante el verano, varios niños tendrán la suerte de aprender otras cosas importantes de la vida: tal vez a reconocer ciertos árboles o a familiarizarse con el comportamiento de las ovejas o los cangrejos; verán, quizás, también, que existen formas distintas de vida. Algunos formarán vínculos con familiares lejanos o harán nuevos amigos.
Pero incluso para los niños que tienen esta suerte, estas experiencias suelen concentrarse en unas pocas semanas. A fin de cuentas, vacacionar es caro y muchos padres están subyugados por la regla de 15 días hábiles de vacación legal. Para la mayoría de los niños, buena parte del verano, si no todo, suele transcurrir lejos de la naturaleza y más bien bajo encierro, con calor, frente a la soledad de una pantalla. La mayoría de ellos difícilmente abrirá un libro durante esos casi tres meses, contra todo esfuerzo metódico y el hábito que se necesitan para aprender. Qué decir de las matemáticas.
Es cierto que la experiencia de aburrirse puede ser formativa y que, tal vez, sin aburrimiento apenas tendríamos imaginación. Heidegger iba más lejos y sugería que el aburrimiento profundo revela la existencia (“el ser”) en su totalidad. También es cierto que a los niños de hoy les hace falta tiempo sin la supervisión de un adulto. Aun así, vale la pena preguntarse si estas cosas justifican cerca de tres meses sin la estructura escolar, sobre todo teniendo en cuenta que son muy pocos los niños que accederán a un idilio bucólico prolongado. Hay que considerar, además, que hay familias que dependen del colegio para alimentar a sus hijos y poder trabajar.
Los datos de la OCDE muestran que en varios países desarrollados las vacaciones de verano duran alrededor de 12 semanas, como las nuestras (hay quienes dicen que esto es una reminiscencia de una sociedad agraria, que durante el verano requería el apoyo de los niños para cosechar). Pero hay países, como Suiza o Corea del Sur, donde las vacaciones de verano duran tres semanas. En otros, como Inglaterra o Alemania, las vacaciones escolares totales no son muy distintas a las nuestras, pero están más repartidas en distintos recesos a lo largo del año.
Más allá de la nostalgia, quizás debamos preguntarnos si realmente queremos que el verano escolar sea infinito, o acaso esa imagen responde más bien a una ensoñación.
Loreto Cox