Chile, integrado por su geografía e historia a la vasta cuenca del Pacífico, pero muchas veces inconsciente de su presencia, tiene el desafío de mirar con mayor decisión uno de sus principales activos estructurales: el mar. Con aproximadamente 6.400 kilómetros de costa y una de las mayores proporciones de litoral en relación con su superficie terrestre a nivel mundial, nuestra condición marítima no es un atributo geográfico accesorio, sino una ventaja comparativa de alto valor para el desarrollo del país a través de sus Intereses Marítimos, que trascienden y condicionan gran parte de las actividades que se desarrollan, incluso a muchos kilómetros de distancia tierra adentro.
La reciente realización de la Regata de Chiloé 2026, evento conmemorativo de los 200 años de la anexión del archipiélago de Chiloé al territorio nacional, constituye un ejemplo concreto de cómo el mar puede articular historia, deporte, turismo y presencia territorial. La participación de 65 embarcaciones y más de 500 tripulantes provenientes de distintas regiones dio cuenta no solo de una convocatoria excepcional, sino también del interés creciente por recorrer y conocer nuestras costas de manera activa, responsable y segura.
La vela deportiva y la navegación recreativa cumplen un rol que trasciende lo estrictamente deportivo. Son espacios de formación en disciplina, liderazgo y trabajo en equipo, al tiempo que fortalecen la cultura marítima, promueven la seguridad en el mar y generan una relación más profunda entre las comunidades y su entorno costero.
Buenos ejemplos de esta sinergia son las escuelas náuticas deportivas de Cedena en Puerto Williams y del Club de Deportes Náuticos de Iquique, junto a la Fundación Mar de Chile, las que integran de manera gratuita a jóvenes en la formación náutica deportiva, generando una introducción natural al conocimiento del mar y su relevancia para el país.
En la misma línea, el proceso formativo de la Armada contempla la familiarización en la navegación a vela y la boga, que se imparte desde las escuelas matrices, con el propósito de entender la importancia de esta actividad como el hábitat natural de la vocación profesional, logrando la conexión necesaria del marino con los elementos naturales asociados como el mar y el viento.
En un país oceánico, este vínculo resulta esencial para proyectar una visión de desarrollo equilibrada y de largo plazo. Desde una perspectiva económica y territorial, la actividad náutica genera impactos positivos especialmente relevantes en zonas apartadas y de menor densidad poblacional. Cada recalada activa servicios locales, fomenta el turismo, dinamiza oficios tradicionales y abre oportunidades para pequeños emprendimientos vinculados al abastecimiento, la mantención de embarcaciones, la gastronomía y la logística marítima. Así, el turismo náutico y la navegación deportiva pueden convertirse en catalizadores de desarrollo para los territorios más alejados.
En este contexto, el desarrollo de infraestructura náutica debe ser entendido desde una mirada amplia e integradora. Puertos deportivos, marinas, rampas y fondeaderos no pueden concebirse exclusivamente como equipamiento para la náutica deportiva, sino como infraestructura al servicio de la vida marítima local. Su diseño y planificación deben considerar la conectividad, la movilidad costera, el apoyo a la pesca artesanal, el abastecimiento, la seguridad de la navegación y la convivencia armónica entre usos recreativos, productivos y comunitarios del mar. Solo así esta infraestructura podrá transformarse en un verdadero soporte para el desarrollo territorial y no en un enclave aislado.
Asimismo, una mayor actividad en el mar refuerza la seguridad y la soberanía nacional. Navegar nuestras costas, conocerlas y recorrerlas, es una forma concreta de ejercer presencia territorial, complementando el rol fundamental que cumple la Armada de Chile en el resguardo de los espacios marítimos, la seguridad de la navegación y la protección de la vida humana en el mar.
Una comunidad náutica activa, bien preparada y coordinada con la Autoridad Marítima, contribuye a una navegación más segura y ordenada para todos los usuarios del mar, incluidos los sectores profesionales de la pesca, la marina mercante y la acuicultura.
La experiencia de la Regata de Chiloé 2026 deja una señal clara: cuando el deporte, la historia y el mar se articulan con visión de futuro, se abren oportunidades reales para el país. Multiplicar la actividad náutica nacional no es solo promover la vela como disciplina deportiva; es fortalecer nuestra cultura marítima, potenciar la seguridad en el mar, ejercer soberanía y generar desarrollo económico donde más se necesita.
Chile es, por naturaleza, un país de mar. Reconocerlo, recorrerlo y proyectarlo desde una mirada inclusiva e integradora, es una decisión estratégica que requiere visión de largo plazo, coordinación público-privada y un compromiso efectivo con nuestros territorios costeros.
Y es, finalmente, una invitación a soñar. Lo mencionaba el Novelista y Poeta Salvador Reyes: “El Mar es la Patria de todos los soñadores. En todas las vidas en pugna con lo cotidiano, hay un golpe de mareas y es en el surco abierto por los barcos, donde fructifican las semillas de los mejores sueños”. Invitación a soñar en un Chile integrado a su mar, en que todos sus habitantes puedan ser partícipes de la actividad náutica y, a través de ella, conocerlo, valorarlo, protegerlo y amarlo.
Almirante Fernando Cabrera
Comandante en Jefe de la Armada
Rodrigo Guzmán
Comité Organizador, Regata Aramco Chiloé Bicentenario 2026