El Mercurio.com - Blogs : Amplitud política en designaciones
Editorial
Martes 10 de febrero de 2026
Amplitud política en designaciones
Este no es el tipo de elenco para emprender cruzadas ideológicas ni guerras culturales.
Aunque gran parte de la población —y más aún en plenas vacaciones— ha de mirar con distancia estos procesos, sí existía expectación en el mundo político frente al anuncio de los subsecretarios y delegados presidenciales del próximo gobierno, concretado el fin de semana. Más que simplemente nombres, lo que interesaba eran las señales que allí se darían y hasta qué punto las líneas que marcaron la nominación de ministros, en enero, se ratificarían ahora, o serían corregidas o compensadas. Finalmente, algo de todo eso hubo en los anuncios del sábado y una mirada de conjunto arroja luces de lo que puede ser la impronta de esa administración, incluidas fortalezas y áreas que suscitan interrogantes.
Respecto de lo primero, se confirma uno de los rasgos para muchos más inesperado de estas designaciones, cual es el grado de amplitud política que reflejan. A propósito de la nominación de secretarios de Estado, ya se había hecho notar la incorporación de exministros de Bachelet y Ricardo Lagos, así como de otros nombres con trayectorias muy distantes del Partido Republicano o de la derecha. La nominación de subsecretarios corrobora esa apertura, al incluir a técnicos de destacado desempeño en administraciones concertacionistas, como el futuro subsecretario de Redes Asistenciales o el próximo director de Presupuestos. Pero no se trata solo de nombres aislados, sino que su inclusión parece responder a una mirada más general que está privilegiando el pragmatismo. Es cierto que ha habido algunas designaciones controvertidas, pero este no es el tipo de elenco para emprender cruzadas ideológicas. Baste mirar, por ejemplo, las nominaciones en el Ministerio de las Culturas para descartar eventuales “guerras” en ese ámbito: en lugar de paladines del integrismo, asumen allí un político de la vertiente liberal de la derecha y exfuncionarios con conocimiento de la cartera. En línea similar, y por más aspavientos que se han hecho a propósito de la reciente gira europea de José Antonio Kast, las designaciones en la Cancillería reflejan una aproximación eminentemente pragmática a la política exterior. Para aquilatarlo, un punto de comparación son los nombramientos que el Presidente Boric hizo en la misma cartera en su primer gabinete, incluido el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales más ideológico que haya desempeñado esas tareas.
Donde sí hubo este sábado un cierto cambio fue en el papel de los partidos, particularmente en el caso de los futuros delegados presidenciales, en que doce de los dieciséis designados serán militantes. Ello contribuye a atenuar las tensiones que dejó la nominación de ministros y abre la posibilidad de que el ámbito territorial sea espacio para la construcción de coalición, un desafío que las futuras autoridades no parecen hasta ahora demasiado convencidas de abordar. En cualquier caso, es interesante la reivindicación que Kast hizo de la figura de los delegados, lo que aumenta las expectativas respecto del papel que desempeñarán.
A nivel de subsecretarios, aunque también hubo un avance de los partidos, los independientes volvieron a ser mayoría. Lo que sí se advierte es la incorporación de nombres con diversos grados de conocimiento del Estado y sus dinámicas, llamados a compensar la falta de experiencia en ese ámbito de muchos de los ministros que asumen. Las nominaciones pendientes debieran ahondar en esta línea: una administración que busca generar un cambio visible en el funcionamiento del Estado requiere de quienes efectivamente sepan cómo opera. Más complejo, sin embargo, puede ser equilibrar la falta de redes políticas con que llegarán varios de los ministros. La idea de que los subsecretarios puedan también compensar esto choca no solo con la tradición, sino con la naturaleza de esta función, dado su carácter de jefatura de servicio. Antes bien, vuelve a quedar en evidencia el papel crucial a que están llamados los equipos de Interior y Segpres, a cargo de los dos políticos más experimentados del futuro gabinete, en cuyas manos quedará viabilizar legislativamente la agenda de un gobierno que no tendrá mayorías parlamentarias y que, a la luz de varios de los episodios protagonizados por el actual oficialismo en esta “transición” —desde los intentos de amarre en el reajuste hasta la operación Bachelet—, enfrentará a una oposición siempre dispuesta a complicarle las cosas.