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Cartas
Lunes 09 de febrero de 2026
Obsesión descaminada
Señor Director:
El rector Carlos Peña —a juzgar por la recurrencia y los tópicos de sus argumentaciones al respecto— parece obsesionado con el Presidente electo José Antonio Kast.
La última de estas intervenciones parte por expresar su poco disimulada molestia con la costumbre adoptada por la pareja presidencial (que lo será en forma oficial a partir del 11 de marzo) de presentarse habitualmente juntos y tomarse de la mano. Ante este gesto de afecto y fidelidad que en muchos despierta simpatía y hasta edifica —si bien don Carlos puede sentir lo que quiera—, a los que se suman otros detalles que le causan disgusto, pareciera que palidecen, por contraste, las preocupaciones por los inmensos desafíos que presentan al futuro Presidente un país largamente lastrado, urgido por ponerse en pie, saber decir quién es, y saber quién es quién en un panorama mundial interconectado y convulsionado como no se vio en más de un siglo.
Importan más al columnista otras cosas.
Que en subsidio el Presidente electo haya leído, y de primera mano, al heterodoxo Antonio Gramsci, genial alternativa en el siglo pasado para ese Occidente del marxismo-leninismo en su expresión pura y dura (la del dictador de Alemania Oriental, por ejemplo, con su inolvidable Muro de Berlín, Erick Honecker, enterrado en Chile).
Yo, modestamente, me permitiría discrepar del rector, pensando que sería un tanto inútil para el Presidente electo recargar su exigida agenda o sus merecidas vacaciones con los “Cuadernos de la cárcel” de Gramsci. Mucho más provechoso en cambio —método ciertamente legítimo y hasta más útil y actualizado, cuando se practica en serio— estudiarlo a través de su principal crítico, Augusto del Noce, que vivió bastante más que él, y que pudo advertir las nefastas prolongaciones de su pensamiento hasta hoy. Así, por ejemplo, en el ámbito de aquella “sociedad opulenta” —o del “ateísmo del bienestar”— que anunció advendría mucho después de Gramsci (en cierto modo la de hoy), en la cual, dijo Del Noce, la delicuescencia liberal se habría instalado en la cabeza de los grandes dominadores fácticos de la sociedad occidental. Es el “sentido común” a que aspiraba la “hegemonía cultural” gramsciana, podemos concluir, fórmula sagrada para sus mentores, que enviarán al quinto infierno, acusado de iliberal, a quien se le oponga.
A lo anterior, y a modo de enriquecedor complemento, agregaría alguna lectura de Josef Tischner (“Ética de la Solidaridad”, “El diálogo imposible”), gran filósofo polaco, inspirador del histórico y decisivo sindicato “Solidaridad”, que empujó la piedra primera cuyo desplazamiento derrumbó el Muro. Para Kolakowski, la única revolución del siglo XX.
Jaime Antúnez Aldunate